El G7 se reúne en Francia con Trump como invitado impredecible en medio de crisis global

Los líderes de las siete principales economías se congregan en Francia del 15 al 17 de junio en un contexto de máxima tensión internacional. La agenda está dominada por tres conflictos urgentes: la guerra contra Irán que ha cerrado el estrecho de Ormuz, la invasión rusa en Ucrania y el dominio comercial de China. Francia blindó la cumbre con 15.000 efectivos de seguridad, lista para cualquier sorpresa de un Trump que históricamente ha sido un actor impredecible en estos encuentros.
Donald Trump llegará el 15 de junio a Évian-les-Bains, a orillas del lago Lemán, un día después de cumplir 80 años. La fecha no es casual: Francia corrió la cumbre un día para que el mandatario estadounidense pudiera celebrar su cumpleaños con un evento de artes marciales mixtas en la Casa Blanca. Este gesto refleja el afán de los anfitriones por mantener satisfecho al huésped más volátil de la reunión. Será el primer encuentro presencial de Trump con sus homólogos de Francia, Alemania, Reino Unido, Italia, Canadá y Japón desde que Washington e Israel iniciaron en febrero la guerra contra Irán, un conflicto que ha fracturado aún más las relaciones transatlánticas.
El tema más urgente es la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde pasa la quinta parte del petróleo y gas que consume el mundo. El bloqueo ha disparado los precios del combustible y ha golpeado especialmente a Europa y Japón, mucho más dependientes que Estados Unidos de los hidrocarburos del Golfo. Trump manifestó el jueves 11 de junio que la guerra había terminado y que "un pacto con Teherán podría firmarse este fin de semana en Europa", con la firma de su vicepresidente J.D. Vance. Sin embargo, los medios estatales iraníes aún mantienen que para Teherán no hay nada definitivo. Mientras tanto, París y Londres promueven una coalición de medio centenar de países para garantizar la libre navegación en el estrecho si se concreta el cese de hostilidades.
El segundo frente es Ucrania. Con la presencia esperada del presidente Volodímir Zelenski, el G7 debatirá cómo encaminar negociaciones entre Kiev y Moscú. Los europeos tienen posiciones claras: el diálogo debe partir de la actual línea del frente sin exigirle a Ucrania que ceda territorio, y sin levantar de inmediato las sanciones a Rusia. Ellos cargan con casi el total del apoyo militar y financiero a Kiev a través de un préstamo de 90.000 millones de euros, así que pedirán a Trump que Estados Unidos retome un papel activo. Macron admitió hace pocos días que "hay que reconstruir la convergencia en el G7" sobre este tema. Bruselas deja claro que cualquier acuerdo final debe representar los intereses europeos, pues la seguridad del continente está en juego.
El tercer desafío es económico y tiene a China en el centro. El superávit comercial chino superó el billón de dólares en 2025, alimentado por una economía orientada a la exportación que inunda los mercados mundiales. Beijing también controla la cadena de minerales críticos y tierras raras, insumos estratégicos de los que el G7 depende excesivamente. La discusión girará en torno a qué controles de exportación adoptar y cómo coordinar políticas comerciales. Macron distribuyó tareas: China debe ser "más justa" con sus empresas y reactivar su mercado interno, mientras que Estados Unidos debe reconocer que los aranceles "fueron una mala idea" y Europa debe acelerar su inversión.
El presidente francés ya advirtió el viernes 12 de junio que las democracias deben ser "lúcidas, fuertes y capaces de actuar juntas" frente a un orden internacional donde las relaciones de fuerza están retornando. Beijing, considerando al G7 poco representativo del mundo actual, pidió practicar "un verdadero multilateralismo" y comercio sin barreras. Pero la desconfianza prevalece: analistas consideran que China dejó atrás la ambigüedad estratégica y tomó partido por Rusia e Irán.
Todos esperan con la respiración contenida el comportamiento de Trump. En 2018 retiró su firma del comunicado final del G7 y hace poco abandonó antes de tiempo una cumbre en Canadá. Esta vez, los anfitriones confían en que se quede los tres días e incluso acepte una cena con Macron, posiblemente en Versalles. El costo de tanta amabilidad ya es visible: el cambio climático quedó fuera de la agenda. Francia desplegó unos 15.000 policías y militares, junto a efectivos suizos, drones y sistemas antimisiles para blindar la ciudad termal.
Fuente original: France 24 - Europa



