El cielo azul que conocemos no siempre fue así y podría cambiar drásticamente en el futuro

El color azul del cielo depende de cómo la atmósfera dispersa la luz solar, un proceso llamado dispersión de Rayleigh. Hace miles de millones de años, cuando la Tierra era primitiva, el cielo fue anaranjado por las nubes de metano, hasta que surgió el oxígeno. Los científicos calculan que el cielo seguirá siendo azul al menos mil millones de años más, pero eventualmente podría tornarse blanco o rojo según cambios en la atmósfera y el envejecimiento del Sol.
Damos por supuesto que el cielo es azul. Es uno de esos detalles de la naturaleza que aceptamos sin cuestionamientos. Pero la realidad es más fascinante: el color del firmamento terrestre no siempre fue azul, y según los científicos, no lo será para siempre tampoco.
Finn Burridge, divulgador científico del Real Observatorio de Greenwich en Reino Unido, explica que todo se reduce a dos factores fundamentales. "El primero es el Sol", dice Burridge. "La luz solar normal es blanca, lo que significa que contiene todos los colores del arcoíris: rojos, amarillos, verdes y azules". El segundo factor es la atmósfera misma. El aire que respiramos contiene partículas diminutas de nitrógeno, oxígeno y vapor de agua que dispersan la luz en todas direcciones. El azul, al tener una longitud de onda más corta que otros colores, se dispersa mucho más, llenando todo el cielo de ese tono que nos es tan familiar. Este fenómeno se conoce como dispersión de Rayleigh, en honor al físico británico que lo explicó hace más de un siglo.
Por eso al amanecer y atardecer el cielo cambia de color. Cuando el Sol está bajo en el horizonte, su luz tiene que atravesar mucha más atmósfera para llegarnos. La luz azul se dispersa tanto que se aleja de nuestros ojos, mientras que los rojos y naranjas, menos dispersos, logran llegar hasta nosotros. Esos espectaculares crepúsculos que admiramos son un regalo de la física.
Lo curioso es que este cielo azul intenso es prácticamente único en nuestro Sistema Solar. Algunos planetas como Júpiter tienen atmósferas con tonos azul tenue, pero están tan lejos del Sol que apenas reciben una pequeña fracción de la luz que nosotros recibimos. Marte, en cambio, tiene un cielo completamente diferente: sus atmósferas delgada y llena de polvo producen un cielo amarillento con puestas de sol azules.
Pero aquí viene la parte realmente sorprendente sobre nuestro propio planeta. Cuando la Tierra se formó hace 4.500 millones de años, sus cielos no eran azules. Los científicos creen que en la atmósfera primitiva, después de que el planeta se enfriara, predominaban gases volcánicos como dióxido de carbono, nitrógeno y metano, pero con muy poco oxígeno. Con el tiempo, bacterias antiguas poblaron el planeta y liberaron grandes cantidades de metano. Ese metano se transformaba bajo la luz solar en compuestos orgánicos complejos que formaban nubes anaranjadas, algo similar a la contaminación que hoy vemos en ciudades muy congestionadas.
El cambio llegó hace aproximadamente 2.400 millones de años con lo que los científicos llaman el Gran Evento de Oxidación. Organismos microscópicos llamados cianobacterias comenzaron a realizar fotosíntesis, convirtiendo la luz solar en energía y liberando oxígeno masivamente en la atmósfera. Con el tiempo, ese oxígeno acumulado disipó las nubes de metano y la atmósfera tomó la composición que tiene hoy. Y así, gradualmente, el cielo se volvió azul.
¿Permanecerá así para siempre? A corto plazo, sí. Aunque eventos como erupciones volcánicas, incendios forestales y tormentas de polvo pueden alterar temporalmente el color del cielo, sus efectos desaparecen. La famosa erupción del Krakatoa en Indonesia en 1883 causó puestas de sol rojas espectaculares e incluso algunas de color verde, por la gran cantidad de partículas en la atmósfera, pero fue un fenómeno pasajero. Claire Ryder, meteoróloga de la Universidad de Reading, señala que el cambio climático podría afectar el color futuro del cielo. "Vamos a liberar más vapor de agua a la atmósfera a medida que aumenta la temperatura", sugiere, "lo que podría permitir que las partículas de aerosol se hinchen con la humedad, lo que aumenta su capacidad de dispersión y el efecto de blanqueamiento del cielo". Aunque también advierte que si las emisiones disminuyen, "entonces podríamos tener un cielo más azul".
Para cambios realmente significativos, necesitamos pensar a una escala de tiempo astronómica. Burridge calcula que pasarán al menos mil millones de años antes de que el color del cielo cambie drásticamente. A medida que el Sol envejece, su brillo aumentará gradualmente. En mil millones de años, emitirá aproximadamente un 10 por ciento más de luz que hoy, lo que calentará la Tierra, liberará el dióxido de carbono atrapado y evaporará los océanos. Esto podría liberar grandes cantidades de oxígeno, posiblemente tornando el cielo de un azul más intenso durante un tiempo. Pero después, advierte Burridge, "el cielo cambiará a una atmósfera blanca, amarillenta, muy caliente, más al estilo de Venus".
En un futuro aún más distante, dentro de cinco mil millones de años, el Sol comenzará a morir. Se expandirá hasta convertirse en una gigante roja. Cuando eso suceda, "a medida que el Sol comience a morir y a hincharse hasta convertirse en esta estrella enorme, muy, muy roja, la atmósfera que nos quede en la Tierra adquirirá un tono realmente carmesí", dice Burridge. Pero para entonces, toda la vida habrá desaparecido hace muchísimo tiempo. El divulgador concluye con una reflexión esperanzadora: "No quedará vida para verlo. Ojalá los humanos se hayan ido a las estrellas en busca de otro cielo azul en algún lugar".
Fuente original: BBC Mundo - Últimas
