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El Cesar descubre que hay más allá del vallenato: cómo el ecoturismo le está dando una segunda vida

Fuente: El País Vallenato

El Cesar está dejando de ser sinónimo solo de Festival Vallenato. La Sierra Nevada, el río Guatapurí y municipios como San Martín apuestan por el ecoturismo como alternativa económica. Emprendedores locales combinan naturaleza con tradición cultural, aunque enfrentan retos en infraestructura vial y formalización empresarial. La apuesta es que visitantes lleguen por la música pero se queden por los paisajes.

Hace una década, si alguien mencionaba al Cesar en una charla sobre turismo, la respuesta era casi automática: el Festival de la Leyenda Vallenata y poco más. La música del acordeón era tan potente que opacaba todo lo demás, dejando en la sombra ríos de agua cristalina, corredores ecológicos y una porción valiosa de la Sierra Nevada de Santa Marta que permanecía prácticamente invisible para los viajeros colombianos. Eso está cambiando, y no es por casualidad.

La Gobernación del Cesar ha comenzado a articular una estrategia de desarrollo que reconoce el crecimiento sostenido de la demanda turística en la región. La idea central es clara: no se trata de abandonar la identidad vallenata, sino de ampliarla. El Plan Sectorial de Turismo del departamento plantea que hay condiciones reales para diversificar la economía con una oferta basada en naturaleza y cultura. La intención es que un visitante llegue atraído por la música y se quede seducido por el paisaje, o al revés.

La Sierra Nevada vista desde la vertiente cesarense ofrece algo diferente a lo que muchos conocen. Mientras el acceso clásico desde Santa Marta concentra la atención y recibe más visitantes, los senderos que salen desde las estribaciones cercanas a Valledupar ofrecen rutas menos saturadas, donde comunidades indígenas gestionan el ingreso a zonas de reserva con sus propias reglas. Es un ecoturismo más pausado, con menos infraestructura pero también con menos impacto ambiental.

El río Guatapurí sigue siendo el gran atractivo. Sus balnearios naturales, como Hurtado y La Mina, atraen tanto a locales como a turistas que buscan algo distinto a la playa convencional. Cuando la temperatura en Valledupar supera con frecuencia los 35 grados, el agua fría que baja desde la Sierra no es solo un lujo: es prácticamente una necesidad. Fuera de la capital departamental, municipios como Manaure Balcón del Cesar, con su microclima de montaña, y La Paz, con sus fincas cafeteras, comienzan a aparecer en los radares de operadores turísticos nacionales.

San Martín es probablemente el municipio que mejor ha documentado esta apuesta. Su plan de desarrollo integra el turismo como línea estratégica económico-productiva, con acciones concretas para vincular a las comunidades rurales en cadenas de valor turísticas. No es solo discurso: existe un programa estructurado que busca generar ingresos alternativos a la ganadería extensiva. Otros municipios avanzan con menor visibilidad. Agustín Codazzi explora rutas de avistamiento de aves, mientras que Pueblo Bello, aprovechando su cercanía a territorios arhuacos, ensaya modelos de turismo comunitario con acompañamiento de organizaciones indígenas.

Los emprendedores locales tienen un conocimiento territorial profundo, pero enfrentan un diagnóstico que no es alentador. Una investigación publicada en la revista Turismo y Sociedad (volumen 36, 2025) identificó que las empresas ecoturísticas de Valledupar necesitan mejorar su rentabilidad, competitividad y capacidad para fidelizar visitantes. Las debilidades están en gestión comercial, presencia digital y diseño de experiencias. A pesar de esto, algunos operadores han respondido con ingenio: combinan recorridos por fincas ganaderas con caminatas ecológicas, o integran talleres de música vallenata con inmersiones en ecosistemas de bosque seco tropical. La fórmula funciona cuando el visitante percibe autenticidad genuina, no una puesta en escena forzada.

Los obstáculos son reales. La infraestructura vial hacia municipios ecoturísticos presenta deterioro serio en tramos clave. La conectividad aérea existe pero con frecuencias limitadas. La formalización de operadores turísticos avanza lentamente. Aunque Colombia cuenta con una Política para el Desarrollo del Ecoturismo y mecanismos de financiación a través de Fontur, acceder a esos recursos requiere capacidad técnica que muchos emprendedores locales aún no poseen. La Universidad Popular del Cesar ha generado investigación aplicada sobre marketing ecoturístico, pero la transferencia de ese conocimiento al tejido empresarial local sigue siendo insuficiente.

Lo que hace único al Cesar es imposible de replicar en otro departamento. Mientras el Eje Cafetero tiene el café y Cartagena la historia colonial, el Cesar ofrece una tradición musical viva declarada patrimonio inmaterial de la humanidad, insertada en un paisaje que va del desierto de La Guajira a los picos nevados de la Sierra. Integrar gastronomía regional como friche, chivo y arepas de queso con senderismo y avistamiento de fauna no es un ejercicio artificial: es lo que ya ocurre naturalmente cuando un viajero permanece tres o cuatro días en la región. El paso pendiente es formalizar esa experiencia como un producto turístico estructurado y profesional.

Fuente original: El País Vallenato

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