Discurso religioso de Carlos Alonso Lucio genera controversia en redes y entre analistas políticos

Carlos Alonso Lucio, líder del empalme del movimiento de Abelardo de la Espriella, encendió la polémica con un discurso cargado de referencias bíblicas sobre el "Arca de Noé" como símbolo del nuevo gobierno. Su pasado como guerrillero del M-19, prófugo de justicia y cercano al presidente electo avivó las críticas, especialmente de personajes como Luis Carlos Reyes. Académicos advierten que el discurso mezcla narrativas religiosas mesiánicas con legitimación política en un país que es Estado laico desde 1991.
En los pasillos de la política colombiana ha cobrado fuerza un discurso que mezcla fe y poder de manera cada vez más explícita. Carlos Alonso Lucio, uno de los rostros visibles del "Empalme Anticorrrupción" que prepara la llegada de Abelardo de la Espriella al gobierno, pronunció un discurso que no pasó desapercibido. Bajo el título "El Arca de Noé", Lucio tejió todo su mensaje con citas bíblicas y conceptos religiosos, hablando de un nuevo proyecto de país que denomina "Patria Milagro". Lo que parecería un simple acto de campaña se convirtió en un punto de quiebre que volvió a revivir debates sobre los límites entre religión y política en Colombia.
El propio Lucio fue contundente en sus palabras durante la intervención. "Gloria a Dios porque en medio del diluvio nos permitió construir un Arca de Noé para Colombia. No se trata de una metáfora menor, no se trata de una frase bonita o de un adorno retórico. El Arca de Noé es una de las imágenes más poderosas de la historia espiritual de la humanidad", expresó. También profundizó en lo que entiende por "Patria Milagro", conectándola con textos del Antiguo Testamento: "Una patria milagro que halló su origen inspirador en ese fragmento del libro del Deuteronomio, del Antiguo Testamento, cuando el Señor orienta a su pueblo para que se convierta en una nación sabia y respetada".
Pero quién es Lucio y cuál es su trayectoria importa para entender por qué sus palabras generaron tanta fricción. Es amigo cercano del presidente electo, ex representante a la Cámara, ex pareja de la fiscal Viviane Morales (quien será ministra de Educación), pero también fue guerrillero del M-19, asesor legal del expresidente Ernesto Samper durante el Proceso 8000 y ha sido prófugo de la justicia. Todo eso junto hace que su figura genere rechazo inmediato en sectores de oposición.
La crítica más afilada vino de Luis Carlos Reyes, quien fue exministro de Comercio y exdirector de la DIAN en el gobierno anterior. Con un tono que mezcló la sarcasmo y la ironía, Reyes listó el historial de Lucio en redes sociales: guerrillero, asesor de paramilitares y del ELN, condenado por estafa y falsa denuncia. Luego agregó, con intención clara: "después de eso sí se comprometió de verdad con la legalidad y decidió ser pastor cristiano. Ya veremos en los próximos años cómo le va manteniéndose en la legalidad". Cerrando con un pasaje bíblico que funcionaba como una acusación velada sobre la sinceridad de su transformación.
Lo que hay detrás de este discurso, según académicos consultados por el medio original, es mucho más profundo que simples figuras literarias. Néstor Julián Restrepo, profesor de la Universidad Eafit especializado en política y cultura, señaló que "es el auge del cristianismo protestante y mesiánico. La visión sionista de Israel y los protestantes norteamericanos, que se está usando como narrativa en Colombia". Y agregó que Lucio y Morales, como líderes de iglesias evangélicas, utilizan deliberadamente esa retórica religiosa que llega al espacio político.
Para Dora Ramírez, académica especializada en análisis del discurso político, el mensaje de Lucio "se estructura sobre un relato en el que Dios y la patria se convierten en los dos grandes ejes de legitimación del proceso de empalme y del nuevo gobierno". Lo que sucede aquí es que gobernar deja de ser simplemente un ejercicio administrativo e institucional para convertirse en lo que ella llama "una misión histórica y trascendente". La palabra patria, presente en el slogan de campaña "Firmes por la Patria" y en el nombre del movimiento "Defensores de la Patria", adquiere un carácter casi sagrado. En boca de Lucio, incluso se refiere a ella como algo que "el pueblo no puede darse el lujo de perder", porque si palabras como esa desaparecen, "con ellas se extravía también una parte del alma colectiva".
Todo esto ocurre en un país que desde la Constitución de 1991 se define como un Estado laico, donde la religión y el Estado deben mantenerse separados. La controversia que generó el discurso de Lucio apunta a una tensión cada vez más visible: hay fuerzas políticas que están narrando sus proyectos de poder a través de un lenguaje mítico y religioso, usando referencias bíblicas para darle autoridad y sentido a decisiones que son fundamentalmente administrativas y políticas.
Fuente original: El Colombiano - Colombia

