Descubren una supertierra cercana que podría albergar vida en condiciones similares a la Tierra

Un equipo internacional identificó el planeta GJ 251c a solo 18 años luz de distancia, orbitando una estrella enana roja en la zona donde el agua líquida podría existir. Aunque no hay imágenes directas, los modelos climáticos sugieren tres escenarios posibles: un mundo oceánico cálido, un desierto congelado o un infierno gaseoso, dependiendo de su atmósfera. Su proximidad lo convierte en el mejor candidato del hemisferio norte para obtener imágenes directas de un planeta rocoso habitable en los próximos años.
A tan solo 18 años luz de distancia, los investigadores descubrieron a GJ 251c, una supertierra cuatro veces más grande que nuestro planeta que orbita una pequeña estrella enana roja. Este hallazgo representa uno de los descubrimientos más prometedores de los últimos años en la búsqueda de mundos potencialmente habitables. Aunque los científicos aún no tienen fotografías directas de su superficie, confirmaron su existencia analizando el bamboleo gravitacional de la estrella que lo rodea, un fenómeno comparable al cambio de sonido de una sirena de ambulancia cuando se aproxima o se aleja.
La ubicación de GJ 251c es lo que la hace especialmente interesante. El planeta se encuentra en la zona habitable conservadora, lo que significa que recibe la cantidad justa de radiación de su estrella para que el agua líquida pudiera existir en su superficie. Sin embargo, si realmente hay océanos o vida allí depende completamente del tipo de atmósfera que tenga el planeta, que completa su órbita cada 53,6 días.
Para entender qué podríamos encontrar en ese mundo lejano, los científicos emplearon modelos climáticos tridimensionales, los mismos que se usan para estudiar el cambio climático en la Tierra. Los resultados arrojan tres posibles escenarios. En el primero, si la atmósfera fuera densa con dióxido de carbono diez veces superior al terrestre, GJ 251c sería un mundo oceánico cálido con temperaturas medias que permitirían agua abierta. En el segundo escenario, con una atmósfera como la de la Tierra, el planeta sería un bloque congelado con temperaturas inferiores a los 100 grados bajo cero. En el tercero, rodeado de hidrógeno, sería un infierno gaseoso donde la vida tal como la conocemos sería imposible.
Lo que hace especialmente viable estudiar este planeta es que su estrella, GJ 251, emite apenas entre uno y dos por ciento de la energía que nos proporciona el Sol. Esto significa que el planeta debe estar muy cerca de su fuente de calor, pero también facilita su observación futura. Según explica Martín Nicolás Parolari en un análisis publicado originalmente en Xataka, "GJ 251c es ahora mismo el mejor candidato del hemisferio norte para obtener una imagen directa de un planeta rocoso en zona habitable". Si los telescopios gigantes del futuro logran captar una imagen directa, los científicos podrían analizar la luz del planeta para identificar vapor de agua, dióxido de carbono u otros gases que revelarían si existe actividad biológica.
El estudio de GJ 251c invita a reflexionar sobre un paradoja interesante: las mismas herramientas que se utilizan para medir el calentamiento global en la Tierra se emplearon para determinar si esta supertierra tiene océanos. Mientras que el dióxido de carbono podría ser el motor de la vida en ese mundo lejano, en nuestro planeta es el factor que pone en riesgo el equilibrio de los ecosistemas.
Por ahora, GJ 251c permanece como un enigma. Los científicos tardarán años en confirmar si es realmente un oasis o un terreno árido y muerto, pero su cercanía cósmica nos recuerda algo fundamental: la franja donde la vida es posible es extraordinariamente estrecha y delicada.
Fuente original: El Tiempo - Vida