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De hacer mandados en bicicleta a dominar el mercado: la historia de Norman Chaparro

Fuente: El Tiempo - Economía
De hacer mandados en bicicleta a dominar el mercado: la historia de Norman Chaparro
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Norman Chaparro comenzó con apenas 20.000 pesos y una bicicleta en Villavicencio hace casi 40 años. Hoy su empresa Inter Rapidísimo es la más grande del país en mensajería, movilizando más de 60 millones de envíos anuales. Su clave fue llegar a todas partes: desde las grandes ciudades hasta las veredas más apartadas, sin obsesionarse con ganancias inmediatas sino con conectar a todo el país.

A los 12 años, Norman Chaparro hacía mandados en Villavicencio. Su mamá lo envió al mercado y regresó con todo lo que le pidió, gracias a su buena memoria. "Mijo, usted sí sirve para hacer un mandado", le dijo ella. Ese elogio de su madre fue el punto de partida. Décadas después, ese niño que corría con recados por las calles se convertiría en el empresario que lidera la empresa de mensajería más grande del país.

Chaparro trabajó como mensajero en Aeromensajería, la transportadora líder en la ciudad. Aprendía el oficio pedaleando por las calles de Villavicencio, pero el dinero que ganaba no le alcanzaba. Su padre había muerto cuando tenía 16 años, estaba estudiando bachillerato de noche y tenía que mantener a su familia. "La situación económica era cada vez más apretada", confiesa. Ninguna empresa de mensajería le ofrecía un sueldo mejor. Así que a los 21 años tomó una decisión radical: renunciar y crear su propio negocio.

Su capital inicial fue de 20.000 pesos, lo que recibió en su liquidación. Se compró una bicicleta de segunda mano a la que llamó Luz Marina, unos volantes y tarjetas de presentación. En enero de 1988 nació Inter Rapidísimo. Los otros mensajeros se burlaban de él: "tortuguísimo, lentísimo, despacísimo", le gritaban desde sus motos. Pero Chaparro estaba comprometido con demostrar que de verdad era el más rápido. Su primer cliente fue el Diario del Meta. Él repartía periódicos de madrugada para que llegaran a tiempo a los suscriptores, y a cambio podía poner avisos publicitarios en el periódico ofreciendo sus servicios.

De la bicicleta pasó a una moto, luego a una camioneta. Recorría municipios aledaños como Acacías, San Martín y Granada, buscando clientes y haciendo más de 200 kilómetros diarios. Llegó a Bogotá años después, cuando sus clientes le pedían que enviara paquetes a la capital. Empezó recogiendo envíos, empacándolos con una transportadora y distribuyéndolos con mensajeros locales en un carro que funcionaba como oficina móvil. Lo que parecía imposible para una empresa pequeña se convirtió en estrategia de crecimiento.

Chaparro nunca priorizó las ganancias inmediatas. Su obsesión era diferente: conectar a todas las regiones, incluso las más apartadas. "Lo que se vendiera en las grandes ciudades compensaba con lo poco que se sacaba de los municipios, pero siempre había que llegar para que la gente no se quedara sin servicio", cuenta. La pandemia de covid-19 aceleró todo. El comercio electrónico explotó y la necesidad de empresas de mensajería se volvió crítica. Inter Rapidísimo aprovechó ese momento para crecer explosivamente.

En 2023, el esfuerzo de cuatro décadas se tradujo en números concretos: Inter Rapidísimo se posicionó como la empresa número uno en volumen de envíos en Colombia, lugar que mantiene. En el tercer trimestre de 2025, movilizó 13,6 millones de envíos y obtuvo ingresos de 237.789 millones de pesos. Hoy la empresa cuenta con más de 1.600 camiones y 10.000 mensajeros. Está expandiendo con una nueva bodega en Bogotá que requiere una inversión de 100 millones de dólares, prueba de drones en La Guajira y el Amazonas, y planes de llegar a bolsa. Chaparro, a sus 60 años, prepara el relevo en manos de sus dos hijos. Su frase lo define: "Cuando uno pedalea con el alma, las ruedas se vuelven alas".

Fuente original: El Tiempo - Economía

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