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Cierre de Ormuz dispara crisis energética global: Colombia tiene oportunidad pero no reacciona a tiempo

Fuente: Portafolio - Economía
Cierre de Ormuz dispara crisis energética global: Colombia tiene oportunidad pero no reacciona a tiempo
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El bloqueo del estrecho de Ormuz ha cortado una quinta parte del petróleo mundial, llevando el barril a 112 dólares y generando la peor crisis energética de la historia. Colombia podría beneficiarse con ingresos extraordinarios por sus exportaciones, pero enfrenta parálisis política por las elecciones de mayo, crisis en Ecopetrol y pérdida de autosuficiencia en gas natural. Los expertos advierten que sin reacción inmediata el país caerá en una tormenta perfecta de la que será difícil escapar.

Hace apenas tres semanas que Israel y Estados Unidos atacaron objetivos militares en Irán en lo que parecía ser una operación quirúrgica. Pero lo que comenzó como una intervención militar enfocada se ha convertido en un desastre económico de proporciones mundiales. El verdadero daño no vino de los objetivos destruidos, sino de lo que sucedió después: Irán cerró el estrecho de Ormuz, por donde pasa una quinta parte del petróleo y gas natural que consume el planeta entero.

Para dimensionar esto: imagina que alguien bloqueara la única carretera por donde circula el combustible para millones de personas. Eso es lo que está pasando. Antes del cierre, 20 millones de barriles diarios salían por ese estrecho. Ahora prácticamente es cero. Aunque hay rutas alternativas, el faltante ronda los 8 millones de barriles diarios, casi el 8 por ciento de lo que consume el mundo. La Agencia Internacional de Energía confirmó que es la peor crisis energética de la historia, superando incluso el embargo petrolero de los años setenta y el cierre de gas ruso a Europa en 2022.

El golpe ya es visible en el bolsillo de la gente. El barril de crudo pasó de unos 57 dólares hace un año a 112 dólares esta semana, casi el doble en apenas tres meses. En Australia la gasolina subió 32 por ciento en lo que va de marzo. En India millones de familias no pueden cocinar con gas. Tailandia ordenó a empleados públicos trabajar desde casa por falta de combustible. Asia, que depende del Golfo Pérsico, está siendo devastada. Incluso en Europa, donde Alemania e Italia ven disparadas sus facturas de electricidad, hay sectores industriales que comienzan a ser inviables.

Los gobiernos del mundo tienen un colchón de emergencia: 1.250 millones de barriles almacenados. Ya liberaron 400 millones de manera gradual. Pero para finales de abril, si nada cambia, ese colchón habrá desaparecido. El problema es más profundo: Irán tiene las cartas de negociación. Puede sembrar minas submarinas, usar lanchas rápidas con explosivos y drones acuáticos. Aunque Estados Unidos tiene superioridad aérea, hacer transitable el estrecho requeriría un despliegue naval descomunal que pocos creen factible. Mientras tanto, la economía mundial se acerca al abismo.

Aquí es donde entra Colombia, y aquí es donde nos encontramos dormidos. El país puede obtener ingresos extraordinarios porque el petróleo representa una cuarta parte de nuestras exportaciones. Solo el año pasado facturamos 12.481 millones de dólares en ventas petroleras. El Gobierno suponía un barril de 59,2 dólares para presupuestar este año. Si el crudo sigue arriba de 100 dólares, los especialistas calculan que las arcas públicas recibirían unos 400.000 millones de pesos adicionales por cada dólar más que suba el precio.

Suena bien en teoría. Pero Colombia se encuentra en el peor momento posible para aprovechar esto. Primero, estamos en plena coyuntura electoral. El Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles está en rojo profundo y nadie se atreve a tocar el precio de la gasolina a falta de semanas para las urnas del 31 de mayo. Segundo, nuestro sector petrolero está colapsado: la producción cayó por debajo de 750.000 barriles diarios cuando podría estar mucho más alta si no hubiéramos congelado exploración y nuevos contratos. Tercero, Ecopetrol está en crisis política, su presidente fue imputado por la Fiscalía y su junta directiva está paralizada discutiendo qué hacer con él en lugar de enfrentar el caos global.

Peor aún, según el exministro Amylkar Acosta, "esta coyuntura nos encuentra mal parqueados". Desde diciembre de 2024 perdimos autosuficiencia en gas natural y ahora estamos importando cuando los precios mundiales están al alza. Acosta advierte que "nos encontramos en una especie de tormenta perfecta que nos asedia y de la cual no será fácil salir indemnes". Agregue a esto que viene El Niño, que hay problemas en la generación eléctrica, y tenemos un cocktail de desastres.

La solución existe, pero requiere decisiones que estamos evitando. Colombia tiene buenos prospectos petroleros sin explorar. Técnicas como el fracking podrían expandir rápidamente tanto petróleo como gas natural si se revierte la política de prohibición, regulada adecuadamente. Bruce MacMaster, presidente de la Andi, presentó hace poco 16 propuestas específicas para recuperar terreno. Lo que falta no es oportunidad ni recursos naturales: falta coraje político para tomar decisiones mientras miramos hacia adentro en lugar de reaccionar a las turbulencias externas. El mundo está en crisis y aquí estamos paralizados.

Fuente original: Portafolio - Economía

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