Cartagena pierde sus joyas arquitectónicas mientras el olvido las consume

Dos edificios históricos de Cartagena, la antigua sede de la Escuela Rafael Núñez y la Casa del Consulado, se encuentran en estado de deterioro avanzado a pesar de ser patrimonio reconocido mundialmente. Ambas construcciones son propiedad del departamento de Bolívar pero ubicadas en el Centro Histórico de la capital. Un columnista del medio EL ISLEÑO denuncia nuevamente el abandono de estas reliquias arquitectónicas que desaparecen lentamente sin que nadie intervenga.
Cartagena sigue dejando que se desmoronen algunos de sus tesoros arquitectónicos más valiosos. Es el caso de la antigua escuela Rafael Núñez, que se levanta sobre la avenida Pedro de Heredia, y la Casa del Consulado, ubicada en la calle del Sargento Mayor del Centro Histórico. Ambas edificaciones pertenecen al departamento de Bolívar, pero están en territorio de la capital y merecerían mucho mejor suerte que la que actualmente reciben.
La primera fue diseñada por el reconocido arquitecto francés Gastón Lelarge, quien residió varios años en la ciudad y dejó huella en su arquitectura. La segunda es una reliquia de la época colonial que se encuentra al borde del colapso. Son piezas de gran valor en el patrimonio cultural de Cartagena, una ciudad cuyo legado arquitectónico colonial y republicano es admirado en todo el mundo. Sin embargo, ambas construcciones llevan años consumiéndose en el olvido, abandonadas a un destino triste y desolador.
La casa Lelarge fue edificada entre 1925 y 1926 en las afueras de la ciudad de entonces. Su contraparte, la Casa del Consulado, data de finales del siglo XVIII y fue construida específicamente para servir como sede del Consulado de Comercio de Cartagena, que abrió sus puertas en 1795 tras ser aprobado por la Corona española. Notables locales como el acaudalado José Ignacio de Pombo impulsaron su creación con el objetivo de combatir el centralismo desde Santa Fe e impulsar el comercio, la agricultura y la industria en la región del Virreinato.
Hoy la casa Lelarge es apenas un cascarón. Ha sido prácticamente desmantelada en un proceso lamentable que ha devorado sus techos, puertas, ventanas y maderas nobles. A pesar de su deterioro, sigue en pie gracias a la calidad de los materiales originales. Mientras tanto, la Casa del Consulado continúa su marcha inexorable hacia el colapso definitivo.
La ironía del destino juega con el legado de Lelarge. El arquitecto francés vería con alegría cómo el edificio que diseñó para albergar el Club Cartagena fue restaurado magníficamente y ahora forma parte del lujoso Hotel Four Seasons. Pero esa alegría se vería ensombrecida por el lamentable estado en que quedó la casa que ideó como escuela.
Hace algún tiempo se propuso que la Casa del Consulado fuera restaurada con apoyo internacional para que albergara los tesoros del Galeón San José. Ni una cosa ni la otra han sucedido. El edificio colonial sigue deteriorándose mientras las riquezas del galeón permanecen sumergidas en el mar Caribe, esperando un rescate que nunca llega.
Fuente original: El Isleño

