Bogotá arranca megaobra en Accesos Norte: qué esperar de la ampliación vial más importante del norte

El 6 de abril comienza oficialmente la construcción de Accesos Norte Fase II, un proyecto que ampliará la Autopista Norte entre las calles 191 y 245. Aunque se firmará el acta ese día, las obras completas no iniciarán inmediatamente: falta aprobación ambiental adicional. El proyecto tardará 5 años y medio, costará millones en inversión privada, y promete expandir vías de 3 a 5 o 6 carriles por lado, además de ciclorrutas y TransMilenio exclusivo.
Después de meses de trámites y preparativos, la Concesionaria Ruta Bogotá Norte y la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) sellarán el próximo lunes 6 de abril, a las 8 de la mañana, el acta que abre formalmente la puerta a la construcción de Accesos Norte Fase II. Es uno de esos momentos que marcan un antes y un después en la infraestructura de la ciudad: una megaobra que durante años estuvo solo en planos y documentos, y que ahora se convierte en realidad.
Pero aquí va lo importante para quien maneja en Bogotá: no confundas la firma del acta con el inicio de todo. El papel se firma el 6 de abril, pero ese mismo día la concesionaria debe radicar documentación adicional ante la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) para que apruebe las intervenciones específicas. Mientras eso se resuelve, Ruta Bogotá Norte avanzará en actividades preparatorias. Una vez tengan todas las aprobaciones, tendrán 77 días para meter la maquinaria pesada y empezar a excavar. El trabajo completo de las primeras fases está presupuestado en 5 años y medio.
¿Qué va a cambiar en tu ruta diaria? El proyecto ampliará la Autopista Norte —también llamada Avenida Paseo de los Libertadores— en el tramo entre las calles 191 y 245, aproximadamente 5,8 kilómetros por calzada. Hoy eso tiene tres carriles en cada sentido. Al terminar, habrá cinco o seis carriles, más un carril exclusivo para TransMilenio. La ampliación no se hará tomando predios nuevos, sino usando el espacio que hoy ocupa el separador central. También vendrán mejoras en drenajes, ciclorrutas en ambos lados de la vía y retornos a desnivel en dos puntos que desordenan el tráfico actual.
Para los bogotanos del norte, particulares de Suba y Usaquén, esto significa una descarga importante en el cuello de botella más crítico de entrada y salida de la capital hacia Cundinamarca. Aunque la espera es larga y las obras sin duda causarán molestias, el proyecto apunta a resolver un problema de movilidad que lleva años ahogando a los conductores. El 6 de abril no cambia nada en la vía; es solo el pistoletazo de salida para una transformación que tomará casi seis años, pero que al final debería aliviar significativamente el flujo vehicular en uno de los corredores más saturados de Bogotá.
Fuente original: Portafolio - Economía