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Bioseguridad en granjas porcinas: entre la disciplina humana y la tecnología avanzada

Fuente: Agronegocios - Finca
Bioseguridad en granjas porcinas: entre la disciplina humana y la tecnología avanzada
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La industria porcina colombiana enfrenta el reto de mantener granjas productivas y libres de enfermedades. La bioseguridad depende tanto de protocolos estrictos de personal como de inversiones en tecnología. Desde ubicación geográfica hasta sistemas de monitoreo por inteligencia artificial, cada detalle cuenta para evitar pérdidas económicas y mantener la productividad.

En las granjas porcinas de Colombia, donde los márgenes de ganancia dependen de animales sanos y productivos, cualquier brecha en los protocolos de bioseguridad puede significar pérdidas significativas. Una enfermedad no controlada afecta tanto la ganancia de peso como la supervivencia de los lotes, impactando directamente en los ingresos de la operación.

José Fernando Naranjo, director del Área Técnica de Porkolombia, lo resume así: "Tener una buena bioseguridad es sinónimo de tener una buena protección sanitaria de la granja. Limita el ingreso de nuevas enfermedades y su impacto negativo". Esto es especialmente importante en un sector altamente tecnificado donde los estándares de productividad son cada vez más exigentes.

El primer paso es la geografía. Las granjas deben estar ubicadas lejos de zonas urbanas, carreteras con mucho tráfico y espacios concurridos. Esta distancia disminuye la probabilidad de que personas ajenas lleguen hasta las instalaciones y transmitan enfermedades. Complementario a esto, se busca minimizar el impacto ambiental planificando la disposición de residuos para aprovechamientos pecuarios posteriores.

El factor humano es determinante. El personal debe cambiar completamente de ropa antes de entrar a los galpones, sin excepciones. Las visitas de gente externa están prohibidas, y otros animales no pueden estar en las instalaciones. Los roedores e insectos son amenazas constantes que requieren control permanente, mientras que los corrales limpios y sin residuos orgánicos disminuyen focos de infección.

El estrés animal también cuenta. Un cerdo estresado cae en productividad y se enferma con mayor facilidad. Por eso importa el buen manejo del personal, las condiciones de temperatura, y el suministro oportuno de alimento y agua de calidad. El agua contaminada es particularmente peligrosa: genera infecciones gastrointestinales, las más comunes y dañinas en la industria porcícola.

Jessica Bermúdez, de Porcicultores Apa, enfatiza la dimensión cultural: "La bioseguridad en granjas porcinas depende de que cada persona tenga claro un principio fundamental: ninguna enfermedad debe entrar a la granja y ninguna enfermedad debe salir de ella. La educación en la cultura sanitaria y la valoración de la bioseguridad son pilares de la producción porcina".

La tecnología ha entrado en escena para fortalecer estos controles. Sistemas de seguimiento satelital para vehículos, monitoreo audiovisual en duchas sanitarias y desinfectantes de última generación que funcionan incluso con materia orgánica presente, son medidas que ya se implementan. La inteligencia artificial permite crear sistemas predictivos que, alimentados con datos en tiempo real, hacen más preventiva y menos reactiva la bioseguridad. Cuando la bioseguridad se aplica correctamente, el resultado es evidente: menos pérdidas por enfermedad y lotes con mejores capacidades de producción.

Fuente original: Agronegocios - Finca

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