Belfast: cómo la vieja herencia de conflicto sectario alimenta nuevos disturbios antiinmigrantes

Irlanda del Norte vuelve a arder, pero esta vez contra los inmigrantes. Los disturbios de Belfast revelan cómo las cicatrices de tres décadas de guerra sectaria siguen vivas: jóvenes sin futuro, comunidades segregadas y paramilitares que nunca desaparecieron. Lo más inquietante es que católicos y protestantes, enemigos históricos, ahora encuentran un enemigo común en los extranjeros, mientras activistas de extrema derecha avivan las tensiones.
Belfast está nuevamente en llamas, pero las fracturas que la desgarran no son exactamente las mismas de hace décadas. Después de que circulara un video viral de un crimen presuntamente cometido por un inmigrante sudanés, estallaron disturbios el martes en barrios de clase trabajadora. Los jóvenes enmascarados incendiaron carros y casas, obligaron a familias de minorías étnicas a huir. Lo preocupante es que tras estos enfrentamientos late una realidad más compleja: las heridas de The Troubles, el conflicto que desgarró la región durante treinta años hasta 1998, nunca cerraron del todo.
Joanne Hughes, profesora de la Queen's University Belfast, lo explica así: "Todavía tenemos aquí un legado de conflicto, de conflicto sectario". Ese legado es tangible en las calles de Belfast, donde barrios protestantes y católicos siguen separados por muros y vallados. "Todavía tenemos altos niveles de división comunitaria. Todavía tenemos segregación, especialmente en las zonas más desfavorecidas", señala Hughes, quien investiga cómo la educación puede sanar sociedades rotas. Y cuando las oportunidades escasean, la frustración busca salida. Los datos lo confirman: en Irlanda del Norte, el 11,6% de jóvenes entre 16 y 24 años está sin trabajo, educación ni formación.
Lo que hace estos disturbios particularmente inquietante es que presentan un cambio de enemigos. Donde antes católicos y protestantes se enfrentaban, ahora ambos grupos señalan a los inmigrantes. Algunos manifestantes incluso portan imágenes de internet con la bandera tricolor irlandesa y la Union Jack británica entrelazadas, algo inédito hace poco tiempo. John, un protestante de 52 años, lo expresó así en las protestas: "Me emociona que, en este momento, católicos y protestantes se hayan dado cuenta de que en realidad estamos juntos en esto". Para Sean Og O Murchu, un activista republicano residente en Belfast, esa apropiación de la retórica de "Irlanda unida" antiinmigrante es "doloroso", recordando que sus antepasados fueron expulsados de sus casas incendiadas.
Los paramilitares lealistas, organizaciones que florecieron durante The Troubles, nunca desaparecieron realmente. Según fuentes citadas por el Belfast Telegraph, aunque no están "orquestando ni alentando" los disturbios, se están "manteniéndose al margen y negándose a intervenir para detenerla". Siguen ejerciendo influencia sobre jóvenes sin horizonte en zonas protestantes, especialmente. "Son una especie de resaca de The Troubles", resume O Murchu.
Dominic Bryan, profesor de antropología política en la Queen's University, advierte que esta nueva capa de división está ocurriendo en una sociedad que ya estaba profundamente segregada. En Irlanda del Norte viven apenas algo más del 3% de personas de minorías étnicas, la proporción más baja del Reino Unido. Pero en Belfast específicamente, donde los católicos ya superan numéricamente a los protestantes desde el fin del conflicto, hay una sensación entre unionistas de que "su identidad y su cultura se reducen", explica O Murchu. Figuras de extrema derecha como Tommy Robinson aprovechan esto, alimentando la narrativa de que "tu cultura se está reduciendo, pero es por culpa de este hombre moreno que vive al lado de tu casa". Hughes cree que muchos participantes en estos disturbios "proceden de comunidades donde se sienten marginados, donde sienten una falta de esperanza sobre el futuro". Sin embargo, aclara que la percepción de que "los migrantes les están quitando sus casas" no es cierta.
El riesgo es claro: una sociedad que nunca procesó completamente sus traumas está buscando nuevos chivos expiatorios. Bryan nota, con preocupación, que esta tendencia "marca un cambio en algunas zonas unionistas y protestantes: el grupo externo ya no son los católicos, sino las personas con un color de piel diferente". Mientras tanto, voces como la de Brendan, un fontanero católico de 50 años, piden cordura: "The Troubles terminó, no queremos que vuelva… ojalá podamos poner fin a esto". Pero frenar estos disturbios requiere algo que Irlanda del Norte aún no ha logrado completamente: sanar sus divisiones más profundas.
Fuente original: France 24 - Europa



