Artemis II rompe el récord de distancia espacial y muestra la cara oculta de la Luna a ojos humanos

La NASA logró el viaje espacial más lejano de la historia al alcanzar 406.772 kilómetros de la Tierra, superando el récord de hace más de 50 años. Los cuatro astronautas pudieron observar directamente territorios lunares que hasta ahora solo se conocían por fotografías de sondas. La misión también marca hitos de diversidad y genera información técnica crucial para futuras expediciones lunares.
Después de más de cinco décadas, la humanidad finalmente rompió su propio récord de distancia en el espacio. Los astronautas de Artemis II completaron este lunes el viaje más lejano jamás realizado por seres humanos, alcanzando 406.772 kilómetros de la Tierra mientras orbitaban la Luna en la cápsula Orion. Para ponerlo en perspectiva: superaron por 6.600 kilómetros la marca que la misión Apolo 13 había establecido en 1972. La cápsula, bajo el mando de Reid Wiseman, entró antes de lo esperado en la zona donde la gravedad lunar supera la atracción terrestre, permitiendo una maniobra de sobrevuelo alrededor del satélite.
Lo más fascinante del viaje no fue solo la distancia, sino lo que los astronautas pudieron ver. Durante el recorrido por el lado oculto de la Luna, los cuatro tripulantes contemplaron por primera vez con sus propios ojos territorios lunares que hasta ahora únicamente habían sido capturados por cámaras automáticas. Destaca especialmente la cuenca Orientale, un cráter tan gigantesco que algunos lo comparan en tamaño con el Gran Cañón del Colorado. "Es muy distintivo y ningún ojo humano había visto este cráter hasta hoy, cuando tuvimos el privilegio de verlo", expresó la astronauta Christina Koch durante una sesión interactiva con estudiantes canadienses transmitida desde el espacio.
Y aquí viene lo importante desde el punto de vista científico: los robots no lo hacen mejor. Kelsey Young, científica principal de la misión, explicó a la agencia AFP que "el ojo humano es básicamente la mejor cámara que jamás ha existido o existirá". La razón es simple: los receptores visuales humanos capturan mucha más información de lo que cualquier instrumento automatizado puede registrar con la misma precisión. A pesar de los avances tecnológicos desde las misiones Apolo, la NASA sigue dependiendo de lo que sus astronautas ven para obtener datos de la superficie lunar.
La misión también marca historia en diversidad: Victor Glover se convierte en la primera persona de color en orbitar la Luna, Christina Koch en la primera mujer en hacerlo, y Jeremy Hansen, canadiense, en el primer no estadounidense en realizar este viaje. Además, durante el sobrevuelo presenciaron un eclipse solar desde una perspectiva única, con la Luna apareciendo del tamaño de un balón de baloncesto a la distancia del brazo, según Noah Petro, director del laboratorio de geología planetaria de la NASA.
Pero Artemis II no es solo un hito histórico: es un laboratorio flotante. Los astronautas probaron los trajes Orion, prendas de color naranja diseñadas para proteger a la tripulación durante el lanzamiento y el regreso a la atmósfera, capaces de suministrar hasta seis días de aire respirable en emergencias. Toda esta información es lo que la NASA llama fundamental. "Van a estar en el lado oculto de la Luna, van a superar ese récord y vamos a aprender muchísimo sobre la nave", afirmó el administrador de la NASA, Jared Isaacman, en declaraciones a CNN. Ese aprendizaje es directamente aplicable a Artemis III, prevista para 2027, y a Artemis IV con su alunizaje tripulado en 2028.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología


