Armenia elige su futuro entre Europa y Rusia mientras se recupera de sus heridas más profundas

Armenia se prepara para elecciones parlamentarias en junio cargadas de significado político más allá de lo electoral. El primer ministro Nikol Pashinian aprovecha cumbres europeas para mostrar un giro hacia occidente, alejándose de Rusia tras la pérdida de Nagorno Karabaj en 2023. Sin embargo, la sociedad armenia está dividida entre la esperanza europea y la incertidumbre sobre si Occidente realmente puede ofrecer la seguridad que Moscú ya no garantiza.
Ereván vive días de tensión política mientras el país intenta redefinirse después de sus crisis más recientes. Las elecciones no son un simple enfrentamiento entre gobierno y oposición, sino un referéndum sobre qué rumbo debe tomar Armenia: si mantener los lazos históricos con Rusia o apostar por una integración más profunda con Europa. La atmósfera en la capital armenio refleja ese dilema: desgaste por las derrotas militares, polarización política y la búsqueda ansiosa de una nueva identidad internacional.
Este mes, Ereván fue escenario de dos eventos europeos de alto nivel que el gobierno armenio supo aprovechar como campaña electoral. Primero llegó la Cumbre de la Comunidad Política Europea y al día siguiente una cumbre bilateral entre Armenia y la Unión Europea. Las calles de la capital se llenaron de banderas europeas, caravanas oficiales y líderes internacionales. Para Nikol Pashinian, esas fotos tenían un mensaje claro: Armenia ya no es un país aislado, sino un socio reconocido por occidente. "Ya no es simplemente un vecino periférico de Europa", prometieron desde Bruselas, mientras se discutían temas de conectividad, energía, reformas democráticas y la posible liberación de visados para ciudadanos armenios.
Pashinian construye su campaña sobre una contraposición potente: su gobierno representa la paz regional y la apertura, mientras acusa a la oposición de estar vinculada a Rusia y representar el riesgo de volver a la guerra y el aislamiento. Después de conducir al país durante la guerra de 2020 contra Azerbaiyán y enfrentar el desplazamiento forzoso de armenios de Nagorno Karabaj en 2023, intenta presentarse como el único líder capaz de cerrar ese ciclo de violencia. La promesa de visa libre a Europa y la perspectiva de integración al bloque europeo generan expectativas concretas en ciudadanos que ven en ello movilidad, oportunidades y acceso a otro sistema político.
La visita de Emmanuel Macron sumó un componente emocional importante a la campaña. El presidente francés gozó de una popularidad que pocos líderes extranjeros despiertan en Ereván. Caminar por las calles, saludar a niños, salir a correr por las mañanas y hasta cantar "La Bohème" de Charles Aznavour junto a Pashinian fueron gestos calculados para conectar con la sociedad armenia. Francia ocupa un lugar especial en el imaginario armenio por su diáspora, su reconocimiento histórico del genocidio armenio y su apoyo crítico frente a Azerbaiyán. El suministro de equipamiento militar que Pashinian prometió exhibir en un desfile militar reforzó esa narrativa de respaldo occidente.
El giro europeo de Armenia no viene solo de una afinidad ideológica con valores occidentales, sino de una decepción profunda con Rusia. Después de 2023, una parte significativa de la sociedad armenia dejó de creer que Moscú pudiera o quisiera defender sus intereses vitales. Esa ruptura abrió espacio para que Pashinian profundizara su estrategia de diversificación, aumentando la distancia respecto a la alianza rusa que ya no ofrece certidumbre. Sin embargo, el camino europeo tampoco está libre de contradicciones. La Unión Europea respalda la democracia armenia, financia programas y envía señales políticas de respaldo, pero su capacidad de actuar frente a Azerbaiyán tiene límites claros. Bruselas puede acompañar reformas y promover conectividad, pero no necesariamente está dispuesta a asumir compromisos de seguridad firmes.
Esa diferencia entre respaldo político y garantía estratégica será crucial en el debate electoral. Los opositores de Pashinian responden que las cumbres no protegen fronteras, no liberan prisioneros armenios detenidos en Bakú y que el reconocimiento europeo no compensa la pérdida de Nagorno Karabaj, tema que quedó completamente fuera de las agendas europeas en Ereván. Ambas narrativas tienen eco porque tocan fibras reales de la sociedad armenia: hay cansancio con la dependencia rusa pero también miedo a quedar en una zona gris sin protección clara. Hay deseo de Europa pero también frustración cuando occidente no actúa con la contundencia que muchos esperan. En esa tensión entre dos futuros posibles se jugará buena parte de la legitimidad política de Pashinian y la decisión del electorado armenio.
Fuente original: France 24 - Europa



