¿Agujero negro o materia oscura? Científicos cuestionan qué hay realmente en el centro de nuestra galaxia

Un nuevo estudio publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society desafía décadas de certeza: el centro de la Vía Láctea podría no ser un agujero negro supermasivo, sino un núcleo compacto de materia oscura. Investigadores del Conicet argentino proponen un modelo "núcleo-halo" que explicaría tanto el movimiento acelerado de las estrellas cercanas como la rotación de las más lejanas. La hipótesis no descarta completamente los agujeros negros, pero abre un debate que parecía cerrado hace años.
Durante décadas los astrónomos dieron por sentado que en el centro de nuestra galaxia existe Sagittarius A, un agujero negro supermasivo ubicado a 26.000 años luz de distancia con una masa equivalente a cuatro millones de soles. Era casi un hecho incuestionable. Pero ahora un equipo internacional de investigadores, con participación destacada de científicos del Conicet, está proponiendo algo diferente: lo que vemos en el corazón de la Vía Láctea podría ser un núcleo extremadamente denso de materia oscura en lugar de ese monstruo cósmico del que nada escapa.
La evidencia que sostuvo la teoría del agujero negro provino durante años del comportamiento de las llamadas estrellas S, astros que danzan a velocidades vertiginosas alrededor de un punto invisible en el centro galáctico. La única explicación lógica parecía ser una concentración de gravedad tan brutal que ni la luz podría escapar. Sin embargo, el nuevo modelo publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society presenta una alternativa fascinante.
Para entenderlo sin necesidad de un doctorado en física: la materia oscura es una sustancia invisible que no emite ni refleja luz, pero sabemos que existe porque sus efectos gravitatorios son medibles. Constituye la mayor parte de la masa del universo, aunque nadie la ha observado directamente. Según esta investigación, un tipo especial de materia oscura compuesta por partículas llamadas fermiones podría organizarse en lo que denominan estructura "núcleo-halo": un núcleo super denso en el centro rodeado por un halo amplio y difuso. Carlos Argüelles, investigador del Instituto de Astrofísica de La Plata y coautor del estudio, explicó que "esta es la primera vez que un modelo de materia oscura logra conectar estas escalas tan diferentes y las órbitas de varios objetos, incluyendo datos modernos de curvas de rotación y de estrellas centrales".
Lo ingenioso de esta propuesta es que ese núcleo interno sería lo suficientemente masivo para producir los mismos efectos gravitatorios que atribuimos al agujero negro, explicando las órbitas dementes de las estrellas S. Simultáneamente, el halo exterior ayudaría a comprender cómo rotan las estrellas más lejanas de la galaxia, datos medidos con precisión quirúrgica por la misión Gaia de la Agencia Espacial Europea.
Ahora bien, esto no cierra la puerta definitivamente al agujero negro. Más bien abre un nuevo debate que deberá resolverse con observaciones y mediciones más precisas. La diferencia de fondo es profunda: si realmente el centro de nuestra galaxia fuese materia oscura organizada así, cambiaría radicalmente cómo entendemos la Vía Láctea y la arquitectura misma del universo. Por ahora, una pregunta que parecía completamente resuelta vuelve a estar sobre la mesa: en el corazón de nuestra galaxia podría no haber un abismo del que nada escapa, sino una concentración invisible de la sustancia más misteriosa del cosmos.
Fuente original: El Colombiano - Tecnología
