¿Adiós a las contraseñas? Las alternativas que ya existen (y por qué aún no desaparecen)
Las contraseñas son un dolor de cabeza: las olvidamos, las elegimos débiles y se roban constantemente. Tecnologías como reconocimiento facial, huella dactilar y análisis de comportamiento ya pueden reemplazarlas, pero son caras. Por ahora, las claves tradicionales siguen siendo la opción más práctica y económica para las empresas, así que tendremos que seguir memorizando números y letras por un tiempo más.
Si tienes entre 25 y 34 años, lo más probable es que estés manejando alrededor de 40 contraseñas diferentes en línea. Es un caos. Las elegimos fáciles porque no queremos volvernos locos intentando recordarlas, pero eso mismo las hace vulnerables. Y cuando no las olvidamos, alguien más se las roba. A principios de 2014 hackers rusos se fueron con 1.200 millones de contraseñas de correos electrónicos de una sola vez. Claramente, necesitamos una salida.
La buena noticia es que las alternativas ya existen. La opción más práctica sería usar tu cara o tu voz. Según Ant Allan, experto en autentificación de Gartner Research, estas son "menos costosas" de implementar porque la mayoría de computadoras y teléfonos modernos ya tienen cámaras y micrófonos. Windows 8 ya incorpora reconocimiento facial, lo que Allan llama "autentificación por selfie". El reconocimiento de voz también sería fácil de implementar. El problema, según Karsten Nohl de Security Research Labs, es que "prácticamente puedes conseguir que cualquier voz suene como otra", así que no es tan seguro como parece.
Para aumentar la seguridad, los sistemas pueden combinar biometría con contexto: si intentas acceder desde un lugar o a una hora extraña, el sistema te pide verificación adicional. Pero hay soluciones aún más sofisticadas. Compañías como BioCatch crean un "perfil digital" del usuario que va más allá de la cara y la voz. Analizan cómo caminas, si eres zurdo o diestro, tu coordinación manual y visual, e incluso patrones más raros como la velocidad con que escribes o cómo organizas las ventanas en pantalla. Algunos sistemas van tan lejos que introducen pequeñas perturbaciones invisibles en la pantalla para ver cómo reaccionas, generando información sobre quién eres mientras estás usando el dispositivo.
Pero aquí viene el problema: las huellas dactilares y el iris no se pueden cambiar. Si un hacker logra copiar tu huella, estás en problemas de verdad. Además, Nohl sostiene que las contraseñas largas y aleatorias son más seguras que la biometría, aunque admite que "las contraseñas largas son simplemente poco prácticas, mientras que algo como una huella dactilar es muy funcional". Es el eterno dilema entre seguridad y conveniencia.
Al final, las contraseñas siguen siendo la opción ganadora. Según Andras Cser, analista de Forrester Research, "es difícil encontrar algo que ofrezca un nivel superior de seguridad por el mismo costo que un sistema de claves". Las empresas no quieren gastar lo que cuesta implementar sistemas biométricos avanzados, así que por ahora seguiremos escribiendo contraseñas. Lo único que puedes hacer es hacerlas lo más complejas posible: mientras más caos tenga tu contraseña, más segura estará.
Fuente original: BBC Mundo - Tecnología
