Acuerdo Irán-EE.UU.: ni victoria ni derrota, solo regreso al punto de partida

El memorando de 14 puntos que pone fin a cuatro meses de guerra entre Irán y Estados Unidos deja más interrogantes que respuestas sobre quién realmente ganó. Mientras Trump no logró la "rendición incondicional" que prometía ni el desmantelamiento del programa nuclear iraní, Teherán sobrevivió políticamente pero emergió debilitado económicamente. El verdadero factor que aceleró las negociaciones fue el control iraní del estrecho de Ormuz, que desató una crisis energética global. El balance final parece ser un reconocimiento mutuo de los límites de la fuerza militar.
Cuatro meses después de iniciada la guerra, el memorando de entendimiento entre Washington y Teherán detiene los combates, reabre el estrecho de Ormuz y abre un período de sesenta días para negociar el futuro del programa nuclear iraní. Pero aquí está el quid del asunto: la mayoría de lo que establece el acuerdo simplemente devuelve los países a como estaban antes de que todo explotara el pasado febrero. Por eso analistas, políticos estadounidenses e israelíes siguen divididos sobre si esto fue una victoria, una derrota o apenas una salida que evitó que las cosas empeoraran para todos.
Donald Trump llegó a esta negociación pidiendo lo máximo. Durante la guerra elevó progresivamente sus exigencias: habló de una "rendición incondicional" de Irán, prometió destruir su programa nuclear, acabar con sus misiles balísticos, eliminar su apoyo a grupos como Hezbolá e incluso insinuó un cambio de régimen en Teherán. Pero el acuerdo que firmó no garantiza ninguna de esas cosas. El régimen iraní sigue en pie a pesar de los asesinatos de su cúpula política y militar. El programa nuclear no fue desmantelado, apenas comienzan negociaciones sobre enriquecimiento de uranio. No hay compromisos explícitos sobre los misiles ni sobre la red regional de aliados de Irán. Incluso legisladores republicanos cercanos al mandatario cuestionan que todo lo logrado valga el costo humano, militar y económico del conflicto.
La paradoja es evidente: hace años Trump denunció el acuerdo nuclear de 2015 impulsado por Barack Obama como una concesión inaceptable a Teherán. Ahora, este nuevo marco apunta hacia restricciones nucleares supervisadas internacionalmente a cambio de alivio económico, una lógica muy similar a la que él mismo abandonó en 2018. Lo que sí logró fue reabrir el estrecho de Ormuz y aliviar la presión sobre los mercados energéticos, algo importante para la economía mundial pero que simplemente restablece cómo estaban las cosas antes de febrero.
Si hay algo que hace que varios analistas consideren que Irán salió fortalecido es el alcance de las concesiones económicas. El memorando autoriza a Estados Unidos otorgar exenciones para que Irán venda petróleo de inmediato, levante gradualmente sanciones internacionales, descongele activos y acceda a un fondo de reconstrucción valorado hasta en trescientos mil millones de dólares. Varias de estas medidas superan los beneficios del acuerdo de 2015, donde el alivio de sanciones estaba condicionado a compromisos nucleares mucho más definidos. Además, Washington entrega algunas de sus principales herramientas de presión antes de haber asegurado un acuerdo nuclear definitivo.
Pero tampoco es correcto hablar de una victoria iraní sin matices. La guerra causó múltiples muertes, incluyendo la del líder supremo ayatolá Alí Jamenei, destruyó infraestructura estratégica y golpeó nuevamente una economía ya deteriorada. Teherán comprobó que ni Rusia ni China estuvieron dispuestas a intervenir directamente para protegerlo. El régimen sobrevivió políticamente, pero emerge con daños profundos, capacidades degradadas y más dependencia de futuras negociaciones para consolidar sus beneficios.
Lo que sí quedó claro fue que Irán posee una herramienta de presión única: el control del estrecho de Ormuz. Cuando Teherán cerró efectivamente esta vía, los precios internacionales de energía se dispararon y la presión económica se convirtió en un factor central para impulsar las negociaciones. Trump incluso priorizo la estabilización de los mercados energéticos tanto como las cuestiones nucleares. Para futuras negociaciones, Irán sabe que tiene esa baza.
Israel tampoco obtuvo lo que buscaba. La guerra se justificó en gran medida por neutralizar definitivamente la amenaza nuclear iraní, pero el programa atómico sigue siendo objeto de negociación. Varios sectores del Estado de mayoría judía ven el acuerdo como una oportunidad perdida para resultados más contundentes.
La conclusión más equilibrada es que no hay un ganador claro. El memorando se parece menos a una victoria decisiva y más a un reconocimiento mutuo de los límites de la fuerza militar. Estados Unidos no logró imponer completamente sus condiciones. Irán tampoco derrotó a sus adversarios ni transformó el equilibrio regional a su favor. Lo que ambos hicieron fue regresar a una mesa de negociación muy parecida a la que existía antes de que comenzara el conflicto. Y ese hecho, por sí solo, explica por qué el debate sobre quién ganó sigue completamente abierto.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



