"Yo soy el único responsable": el cerebro de una estafa millonaria rompe el silencio ante sus víctimas

Uriel Andrés Barreto Díaz se presenta como el único responsable de un esquema que estafó a decenas de familias bogotanas con promesas de rentabilidad mensual. El modelo operó durante ocho años con apariencia de cooperativa, ofreciendo ganancias del 6 por ciento en contratos a seis meses, pero colapsó en octubre del año pasado cuando dejaron de entrar nuevos recursos. Barreto asegura que el dinero se movía principalmente mediante préstamos a personas naturales, negocios de barrio y en plataformas en línea, pero ahora dice que los recursos se perdieron en la misma dinámica del esquema.
Un caso que comenzó como la desaparición de un hombre terminó revelando uno de los fraudes financieros más grandes de los últimos tiempos en Bogotá. Decenas de familias que confiaron sus ahorros en lo que parecía ser un modelo de inversión sólido se vieron envueltas en lo que resultó ser una estafa millonaria. Ahora, el hombre señalado como cerebro de toda la operación decide hablar.
Uriel Andrés Barreto Díaz asume públicamente la responsabilidad por lo sucedido. "Yo quiero hoy responsabilizarme de todo como única cabeza de lo sucedido", afirma en entrevista exclusiva. Sin embargo, se apresura a aclarar que su entorno familiar no tuvo participación en el esquema. Enfatiza que su esposa, padres, hermanos y sobrinos estuvieron completamente ajenos a la operación. También niega cualquier vínculo con la cooperativa de transporte donde trabajó años atrás, aunque reconoce que esa asociación le sirvió como fachada de credibilidad.
El esquema funcionaba de manera relativamente simple: captaba dinero de inversionistas mediante contratos de seis meses que prometían rendimientos mensuales del 6 por ciento durante los primeros cinco meses, devolviendo el capital al finalizar. Barreto asegura que la idea era ofrecer una alternativa a personas que recurrían a prestamistas ilegales con intereses abusivos. Durante ocho años, el modelo creció principalmente por recomendaciones directas entre familiares y amigos cercanos, sin publicidad abierta. "La mayoría de personas que confiaron… son familiares y amigos muy cercanos", explica.
El punto de quiebre llegó en 2022 con la aparición de intermediarios que comenzaron a mover dinero de terceros sin que Barreto los conociera directamente. "Yo te puedo decir que el 40 por ciento son personas que yo ni siquiera conozco por cuenta de esos intermediarios", reconoce. Para sostener las promesas de rentabilidad, el dinero se movía principalmente mediante préstamos a trabajadores independientes y pequeños negocios de barrio sin acceso fácil al crédito bancario, además de inversiones en plataformas en línea y operaciones con bitcoin. Algunos negocios funcionaron temporalmente; otros no.
La crisis final llegó en octubre del año pasado cuando disminuyeron los ingresos de nuevos recursos y el sistema dejó de sostenerse. Barreto relata que comenzó a responder personalmente con su propio patrimonio durante los últimos meses, esperando que llegaran nuevas inversiones que nunca se materializaron. A mediados de enero, después de que un intermediario le advirtiera que enfrentaría consecuencias graves si no cumplía con movimientos superiores a 4.000 millones de pesos, decidió desaparecer.
Tiempo después, se comunicó con autoridades para informar que estaba con vida. Barreto sostiene que permanece en un lugar apartado por seguridad y que solo se presentará cuando exista una orden judicial que le garantice custodia. Rechaza versiones sobre supuesto enriquecimiento personal: "No tengo plata en el banco… no vivía de forma ostentosa". Al cierre de su relato admite que "me arrepiento de no haber dicho la verdad… esto es traumático", pero reconoce lo más doloroso para sus víctimas: "El resarcimiento es imposible. Los recursos se fueron en la misma dinámica".
Por ahora, el testimonio de Barreto es solo una versión de los hechos. Será la Fiscalía y los jueces quienes determinen finalmente qué sucedió con los recursos, las responsabilidades penales y el alcance real de esta presunta estafa que dejó a familias bogotanas sin sus ahorros.
Fuente original: El Tiempo - Bogotá



