Visita de la Dian: cómo prepararse sin pánico y qué papeles tener listos

Cuando llega un requerimiento o visita de la Dian, el pánico es lo primero; pero los expertos explican que el verdadero costo no está en las multas, sino en el desorden administrativo que genera. La autoridad tributaria hoy cruza automáticamente información de facturas, bancos, nómina y reportes de terceros, así que tener todo coherente y organizado es el mejor escudo. La clave está en documentar bien cada operación diaria y poder responder rápidamente con papeles en orden.
Cuando a un empresario le llega un requerimiento de la Dian o se anuncia una visita de los delegados, lo primero que viene a la mente son las multas y cierres. Pero los expertos en tributaria dicen que ahí está el error: el verdadero golpe al bolsillo no viene de la sanción eventual, sino del desorden que genera la prisa por responder. El tiempo perdido buscando papeles, los reprocesos, las decisiones apresuradas y las asesorías de emergencia pueden costar tanto o más que la multa misma.
Este año, la situación se complica porque la Dian ya no necesita sospechas puntuales para hacer revisiones. Según análisis de expertos tributarios, la autoridad afina cada vez más sus sistemas automáticos que comparan lo que factura con lo que declara, lo que entra al banco, lo que reporta en nómina electrónica y lo que dicen los terceros. Cuando esos números no cuentan la misma historia, saltan las alertas. Errores que antes pasaban desapercibidos ahora pueden traducirse en costos significativos. Por eso, la defensa no está en los discursos sino en los hechos. "La autoridad fiscal no evalúa discursos, revisa hechos verificables", explica John Helbert Ayala, gerente de Impuestos y Servicios Legales de Crowe Co. Y agrega que "si el dueño o administrador no puede explicar cómo opera su negocio con soportes claros y consistentes, el proceso tiende a alargarse, volverse más complejo y, sobre todo, más costoso".
Lo primero cuando llega el requerimiento: la primera media hora es oro puro. Hay que designar un único vocero, alinear al contador para evitar versiones cruzadas, y organizar la información por meses. Luego, responder solo lo que piden, pero de forma completa. "Revisar que ventas, dinero recibido y registros contables cuadren da tranquilidad, y responder solo lo solicitado, pero de forma completa, reduce fricciones innecesarias. Es decir, tener cuidado de no mandar todo sin estructura, porque eso alarga el proceso", aclara el experto de Crowe Co.
Pero lo verdaderamente importante ocurre a diario, mucho antes de que llegue cualquier requerimiento. Facturar y registrar las operaciones el mismo día evita inconsistencias. Cuando una venta se cobra hoy pero se factura después, ese desfase se convierte en señal de alerta para los sistemas automáticos. La coherencia entre lo que factura, lo que entra al banco y lo que muestra en contabilidad es el escudo más efectivo, porque la Dian contrasta exactamente eso.
Otro punto delicado es la nómina electrónica. Muchos negocios cumplen pagando bien a los trabajadores, pero fallan al reportar la información. "Novedades mal registradas, datos incorrectos o ajustes sin trazabilidad pueden generar observaciones que escalan rápido, dado que la nómina electrónica es hoy un soporte central; por lo que en estos casos, pagar bien no basta si el reporte no refleja fielmente lo ocurrido". También cuenta la información que reportan terceros sobre usted. Bases desactualizadas, errores en NIT o mala clasificación de conceptos rompen el espejo que usa la Dian para contrastar datos. Cuando no coinciden con registros internos, aparece ruido que termina en requerimientos adicionales.
Los documentos clave para tener listos son simples: RUT actualizado, facturas con sus soportes, extractos y conciliaciones bancarias, auxiliares contables o balances de prueba, nómina electrónica y contratos que expliquen la operación. Encontrarlos en minutos, no en días, transmite control. Un negocio que responde con rapidez habla de orden; uno que sale a buscar papeles proyecta desorden, y eso prolonga todo. "De ahí la importancia de tener listos los documentos clave y encontrarlos en minutos, no en días". El cierre de los expertos es simple: no se trata de ganarle a la Dian ni de convertir una revisión en batalla. Se trata de evitar que un trámite se transforme en un problema financiero. Como lo resume Ayala: "lo que no queda documentado, después se discute", y en materia tributaria, esas discusiones suelen salir caras.
Fuente original: Portafolio - Economía