Unimagdalena enfrenta la pandemia con resiliencia: invierte en estudiantes vulnerables y se reinventa académicamente

La Universidad del Magdalena ha respondido a los retos del 2020 con decisiones que van más allá de lo académico. Creó un fondo de solidaridad para ayudar a estudiantes vulnerables, invirtió 346 millones de pesos en equipos tecnológicos, logró que su laboratorio diagnosticara COVID-19 en el departamento, e implementó graduaciones virtuales innovadoras. Ahora busca garantizar la permanencia estudiantil reduciendo gastos operativos y avanzando hacia la gratuidad de matrículas.
El 2020 llegó con la pandemia de COVID-19 y la Universidad del Magdalena, como muchas otras instituciones en Colombia, tuvo que reinventarse de la noche a la mañana. Cuando el gobierno ordenó el trabajo desde casa, Unimagdalena enfrentó un desafío mayúsculo: migrar todas sus actividades académicas y administrativas a plataformas virtuales. Pero lo que pudo haber sido paralizante se convirtió en una oportunidad para demostrar la fortaleza de una institución acreditada de alta calidad, que además carga con la realidad de ser una de las universidades acreditadas que menos recursos recibe del Estado.
Lo que distinguió la respuesta de Unimagdalena fue que no solo se enfocó en lo académico. La institución entendió que detrás de cada estudiante hay una realidad de vulnerabilidad. Por eso creó un Fondo de Solidaridad donde directivos, docentes y administrativos donaron parte de sus salarios. Con más de 313 donantes en el primer mes, se recaudaron más de 52 millones de pesos que se convirtieron en bonos de mercado de 50 mil pesos cada quince días. Así se beneficiaron 578 estudiantes. "Primero es la Gente", dice la política institucional que guió esta decisión, y el Rector Pablo Vera Salazar reforzó el mensaje en el arranque de la crisis: "La vida es primero".
Pero la solidaridad también tuvo forma de tecnología. La universidad invirtió 346 millones de pesos en 400 equipos de cómputo, 500 tarjetas SIM para acceso a internet y tabletas. Estas herramientas llegaron a rincones del Magdalena donde muchos estudiantes jamás imaginaron que su universidad les tocaría la puerta para garantizar que siguieran aprendiendo. En menos de 35 días, Unimagdalena logró otro hito importante: su Laboratorio de Biología Molecular fue aprobado por el Instituto Nacional de Salud para realizar pruebas diagnósticas de COVID-19. Así, el Magdalena, uno de los departamentos más golpeados por la pandemia, pudo contar con más capacidad para diagnosticar el virus.
La creatividad también marcó el camino. Cuando llegó el momento de las graduaciones, en lugar de cancelarlas, la universidad utilizó "LIED", uno de los tres robots humanoides del país, para representar a 13 médicos recién graduados en una ceremonia que fue transmitida internacionalmente. Vestido con toga y conectado en línea, el robot permitió una interacción que mostró al mundo la capacidad de reinvención de esta Casa de Estudios. Además, los diplomas se entregaron personalmente y por correo electrónico a más de 300 graduandos. Mientras tanto, estudiantes de Ingeniería no se quedaron quietos: diseñaron mascarillas con impresión 3D, una cabina de desinfección peatonal llamada "Dexter" y dispensadores de gel antibacterial con materiales reciclados.
Con todo esto, la universidad también se enfrentó a una realidad financiera difícil. El 99 por ciento de los estudiantes pertenece a estratos 1, 2, 3 o sin estrato, y en el segundo semestre de 2020 la deuda en matrículas ascendía a más de 14 mil millones de pesos. Por eso, durante una sesión del Consejo Superior, el Rector Vera Salazar presentó propuestas para reducir gastos operativos y recortes que sumarían casi 9 mil 600 millones de pesos, con miras a avanzar hacia la gratuidad de matrículas para los estudiantes de mayor vulnerabilidad en el próximo periodo académico.
La historia de Unimagdalena en 2020 es la historia de una institución que no se detuvo. No fue fácil, pero una comunidad educativa decidió que frente a la adversidad, lo mejor de sí misma era lo que tenía que dar. En un departamento con uno de los mayores índices de pobreza multidimensional del país y con menor cobertura en educación superior, esta universidad trazó una ruta diferente: la del servicio real a los más vulnerables, incluso cuando los recursos escaseaban.
Fuente original: Periódico La Guajira


