Una madre impulsa revolución oncológica en Latinoamérica tras salvar a su hijo con tecnología avanzada

Cecilia Balocco, tras encontrar en Estados Unidos un tratamiento que salvó la vida de su hijo con cáncer cerebral, fundó Care en 2020 para cerrar la brecha de acceso a tecnologías oncológicas en América Latina. La organización ya ha atendido más de 15.000 pacientes en Chile y busca que tratamientos como la protonterapia lleguen a toda la región a través de legislación común y centros de alta complejidad. Su mensaje central es que la innovación no es lujo sino necesidad, y que el cáncer no puede esperar mientras los sistemas de salud se reorganizan.
En 2018, Cecilia Balocco recibió una noticia que cambió su vida para siempre: su hijo Máximo, entonces adolescente, tenía cáncer cerebral grado cuatro. Los médicos en Chile le dijeron que la radioterapia convencional era la opción disponible, pero con probabilidades altas de dejar daños permanentes. El pronóstico inicial era devastador: dos años de vida.
Sin embargo, en Estados Unidos existía una alternativa diferente. Balocco pasó seis meses buscando el lugar indicado hasta encontrar el hospital St. Jude en Memphis, donde su hijo recibió protonterapia, un tratamiento más avanzado con menos efectos adversos. Hoy, siete años después, Máximo tiene 22 años, estudia arquitectura y lleva una vida normal. Pero esa experiencia dejó una pregunta que la persigue: "¿Qué pasa con quienes no pueden tomar un avión y buscar esa oportunidad?".
Esa interrogante se convirtió en motor de acción. En 2020, Balocco fundó Care, una organización que nació con un objetivo ambicioso: transformar la forma en que se diagnostica, trata y gestiona el cáncer en Chile y eventualmente en toda América Latina. Su enfoque no es simplemente ayudar casos puntuales, sino intervenir en el corazón del problema: el acceso tardío a diagnósticos y tratamientos. Desde su creación, la fundación ha atendido a más de 15.000 pacientes.
El diagnóstico de Care es claro: en países como Chile, el cáncer funciona como una sentencia de muerte no por la enfermedad en sí, sino por cómo responden los sistemas de salud. Las listas de espera prolongadas, los trámites fragmentados y la falta de información generan retrasos letales. Balocco lo resume así: "Un año y medio para confirmar un diagnóstico es inaceptable. En cáncer, llegar tarde es morir". Por eso, la fundación ha desarrollado campañas de detección temprana donde los pacientes avanzan desde la mamografía hasta la biopsia en cuestión de días, acompañados por una plataforma digital que guía cada etapa del proceso.
Actualmente, Care impulsa la creación de un centro oncológico ambulatorio dentro del sistema público chileno, operado con estándares de gestión privada y basado en colaboración entre sector público, privado, academia y sociedad civil. El objetivo es demostrar que se pueden reducir tiempos de diagnóstico a menos de dos semanas, optimizar recursos y priorizar la prevención. Este proyecto es especialmente relevante porque Chile enfrenta una alerta sanitaria oncológica con más de 30.000 personas en listas de espera.
Pero la visión de Balocco trasciende las fronteras de su país. Durante el Fifarma Annual Summit en Brasilia, insistió en que la brecha tecnológica en la región es inaceptable. "No puede ser que nuestros pacientes no tengan acceso a lo último en innovación si eso ya existe en Europa o Estados Unidos", afirmó. Su estrategia incluye fortalecer marcos normativos en países como Chile, Colombia, Argentina y Perú, que tienen leyes de cáncer pero implementación desigual. Su convicción es que actuando en bloque, los países latinoamericanos pueden negociar mejor, compartir conocimiento y construir centros de alta tecnología regionales.
La fundación ya ha comenzado ese camino estableciendo alianzas internacionales para derivar pacientes a tratamientos avanzados en Europa y Estados Unidos mientras se desarrolla la infraestructura local. Mientras tanto, Balocco mantiene el mensaje de quien vivió la enfermedad en primera persona: "El cáncer no espera". Para ella, la innovación no es lujo sino inversión necesaria, y el cambio depende de decisiones políticas y voluntad colectiva para que ningún paciente en la región tenga que recorrer el mismo camino que ella recorrió para salvar una vida.
Fuente original: El Tiempo - Salud