Ultraprocesados: por qué conviene reducir su consumo y cómo identificarlos
Los alimentos ultraprocesados son productos comerciales con aditivos que no usaríamos en casa. Aunque ofrecen comodidad, tienen alto contenido de grasas, azúcar y pocos nutrientes, lo que se asocia con obesidad, enfermedades del corazón y diabetes. No todos los alimentos procesados son dañinos, pero los ultraprocesados deben consumirse con moderación. Aprender a leer etiquetas ayuda a identificarlos y tomar decisiones más saludables.
Los alimentos ultraprocesados se han convertido en una parte importante de la dieta de muchas personas. Se trata de productos fabricados industrialmente que contienen ingredientes y aditivos que normalmente no encontraríamos en una cocina casera. Aunque son prácticos y accesibles, su consumo excesivo trae consecuencias para la salud.
El procesamiento de alimentos no es nuevo. Cualquier cambio que se haga a un alimento en su estado natural, desde lavarlo y cocinarlo hasta molarlo o envasarlo, cuenta como procesamiento. Pero hay una gran diferencia entre un alimento procesado de forma simple y uno ultraprocesado. Los alimentos sin procesar o mínimamente procesados, como frutas frescas, verduras, huevos, carnes congeladas sin ingredientes añadidos y cereales integrales, son la base de una dieta saludable. Los alimentos procesados, como el queso, el pan fresco o las verduras en conserva, se hacen agregando sal, aceite o azúcar a alimentos integrales. Los ultraprocesados van mucho más lejos: contienen muchos aditivos como conservantes, antioxidantes, estabilizantes y emulsionantes, con muy poco o nada de alimento integral. Ejemplos de estos son los aperitivos salados y dulces envasados, las hamburguesas de soja, las comidas listas para calentar, los cereales azucarados, los helados y las bebidas endulzadas.
El problema con los ultraprocesados es que están diseñados para resultar irresistibles. Son bajos en fibra, lo que significa que se digieren rápidamente y el cuerpo pide más comida poco después. Además, aportan muy pocos nutrientes: son ricos en azúcar, grasas saturadas y calorías, pero pobres en fibra, vitaminas y minerales. En Estados Unidos, más del 50% de las calorías diarias provienen de ultraprocesados, y en niños la cifra supera el 60%. Los estudios muestran que un consumo elevado de estos alimentos se vincula con enfermedades del corazón, obesidad, diabetes tipo 2 y algunos tipos de cáncer.
No obstante, no todos los alimentos procesados son perjudiciales. El procesamiento tiene beneficios reales: garantiza que los alimentos sean seguros para comer, como ocurre con la pasteurización de la leche, y permite que verduras congeladas o enlatadas conserven sus nutrientes por más tiempo. Algunos productos procesados son enriquecidos con vitaminas y minerales que ayudan a las familias a recibir nutrientes que de otro modo no obtendrían. Lo importante es aprender a diferenciar.
Leer las etiquetas es clave. Los ingredientes se listan por orden de peso, así que revisar los tres primeros da una buena idea de qué se está comiendo. Si ve una larga lista de ingredientes desconocidos, probablemente sea un ultraprocesado. Hay que buscar palabras como estabilizantes, emulsionantes, colorantes artificiales y potenciadores del sabor. El azúcar aparece con muchos nombres: maltosa, jarabe de maíz, concentrado de zumo de frutas, miel, néctar de agave. También hay que evitar productos con muchos aceites hidrogenados y altos en sodio. Cuidado con etiquetas que prometen ser saludables, como algunos yogures, barras de proteína o bebidas deportivas, que a menudo contienen azúcares añadidos e ingredientes artificiales.
La recomendación es que la mayoría de las comidas se preparen con alimentos sin procesar o mínimamente procesados. Los ultraprocesados nunca son una opción saludable. Dedicar tiempo a leer etiquetas y elegir alimentos integrales es una inversión en la salud propia y la de la familia, especialmente considerando que en Colombia muchas personas dependen de sistemas de salud como las EPS que podrían verse afectados por enfermedades prevenibles relacionadas con la mala alimentación.
Fuente original: Mediplus - Qué hay de nuevo