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UCI y UCE: así funcionan las dos unidades que sostienen vidas en momentos críticos

Fuente: El Tiempo - Salud
UCI y UCE: así funcionan las dos unidades que sostienen vidas en momentos críticos
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En Colombia se conmemora cada 8 de abril el Día del Intensivista y del Cuidado Crítico, reconociendo el trabajo de equipos médicos especializados. Las UCI atienden pacientes con compromiso grave de órganos que requieren ventilación mecánica y monitoreo continuo, mientras que las UCE están destinadas a quienes necesitan vigilancia permanente pero sin ese nivel tecnológico avanzado. La diferencia radica en el tipo de soporte que cada paciente requiere durante su enfermedad.

Cada 8 de abril Colombia conmemora el Día del Intensivista y del Cuidado Crítico, una fecha que reconoce la importancia vital de los equipos médicos que trabajan en las unidades más críticas de los hospitales. Contrario a lo que muchos creen, estas unidades no son el último recurso cuando todo está perdido, sino espacios de medicina avanzada donde se lucha por preservar vidas, estabilizar pacientes y acompañar su recuperación hacia la funcionalidad.

El origen de estas unidades se remonta a mediados del siglo XX, específicamente durante la epidemia de poliomielitis en los años 1950, cuando surgió la necesidad de concentrar en un mismo lugar equipos especializados y tecnología capaz de sostener funciones vitales como la respiración. Desde entonces, los avances tecnológicos han ampliado enormemente las posibilidades de supervivencia, consolidando estos servicios como pilares de la medicina moderna.

La diferencia fundamental entre una UCI y una UCE radica en el nivel de soporte que requiere el paciente. En las Unidades de Cuidados Intensivos se atienden personas con compromiso grave de uno o varios órganos, que necesitan soporte avanzado como ventilación mecánica, medicamentos especializados y monitoreo permanente. Las Unidades de Cuidados Especiales, en cambio, están destinadas a pacientes que requieren vigilancia constante pero sin ese nivel de intervención tecnológica. Para entenderlo mejor: un paciente con infección urinaria podría tratarse en una UCE con antibióticos y seguimiento clínico, pero si esa infección evoluciona hacia una sepsis que compromete órganos vitales, debe trasladarse a una UCI para recibir soporte avanzado.

El doctor Dormar Barrios Martínez, especialista en medicina crítica del Hospital San Vicente Fundación Medellín, insiste en desmontar el imaginario negativo sobre estas unidades. "La Unidad de Cuidados Intensivos es el lugar del hospital donde más se lucha por conservar la vida. Contamos con equipos altamente entrenados, tecnología especializada y monitoreo permanente que nos permite intervenir a tiempo ante cualquier cambio en la condición del paciente. Nuestro objetivo va más allá de la supervivencia: buscamos que las personas puedan recuperarse y regresar a la sociedad lo más funcionales posible", explicó.

La capacidad instalada también es crucial para la atención efectiva. El Hospital San Vicente Fundación Medellín, uno de los centros de referencia del país, cuenta con 96 camas de UCI distribuidas en 64 para adultos, 24 pediátricas y ocho neonatales, más 96 camas en unidades de cuidados especiales. Las UCI están organizadas en áreas especializadas como neurocrítica, cardiovascular, quemados y enfermedades infecciosas, permitiendo protocolos específicos según las necesidades de cada paciente.

El caso de Duván Camilo Gómez, un agricultor de 26 años, ilustra el impacto del cuidado crítico. Tras presentar síntomas neurológicos, fue hospitalizado en Apartadó durante 17 días intubado, luego trasladado al Hospital San Vicente donde permaneció 63 días en la UCI neurocrítica. Durante ese tiempo dependió completamente del equipo médico para sus cuidados básicos. El acompañamiento humano fue determinante en su recuperación. "Aceptar las cosas como son, creer en que el plan de Dios es perfecto y saber manejar las emociones fue lo que me ayudó", aseguró. Hoy Duván destaca la importancia del apoyo humano dentro de estas unidades y envía un mensaje de esperanza: mantener la calma, confiar en el proceso y valorar cada gesto puede marcar la diferencia en la recuperación.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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