Trump amenaza con abandonar la OTAN: ¿puede Europa defenderse sin Estados Unidos?

Donald Trump volvió a cuestionarse en serio la permanencia de Estados Unidos en la OTAN, calificándola como un "tigre de papel" durante el conflicto con Irán. Sus declaraciones evidencian tensiones que venían acumulándose desde su regreso al poder, incluyendo desacuerdos comerciales y diferencias sobre Ucrania. Si Estados Unidos se retirara, Europa tendría que invertir cifras astronómicas en defensa y reconstruir capacidades militares que tardó décadas en desarrollar mientras dependía del paraguas estadounidense.
El presidente Donald Trump insistió esta semana en su amenaza de sacar a Estados Unidos de la OTAN, en medio de la escalada militar contra Irán. En declaraciones al periódico británico The Telegraph, Trump afirmó que estaba considerando "seriamente" la salida de la alianza transatlántica y volvió a criticar la organización con palabras duras. "Nunca me emocionó la OTAN. Siempre supe que era un tigre de papel, y Putin también lo sabe, por cierto", sentenció el mandatario estadounidense.
Las tensiones entre Washington y sus aliados europeos no son nuevas. Desde que Trump regresó a la Casa Blanca, los choques se han multiplicado en varios frentes: desde disputas comerciales con Europa hasta sus intereses sobre Groenlandia, un territorio danés estratégico para la alianza. La guerra en Ucrania también profundizó las grietas, con Trump marginando a los europeos en varios acercamientos diplomáticos con Rusia. Ahora, el conflicto en Medio Oriente actúa como catalizador de esas tensiones preexistentes. Trump reprocha a la OTAN no apoyarlo en la ofensiva contra Irán: "Ahí estuvimos automáticamente, incluyendo (la guerra de) Ucrania. Ucrania no era un problema nuestro. Fue un test, y estuvimos ahí, como siempre habríamos estado ahí para ellos. Pero ellos no estuvieron por nosotros". El secretario de Estado Marco Rubio respaldó esta postura, advirtiendo que tras el conflicto examinarán su relación con la alianza.
Varios países europeos como España y Francia han tomado distancia, cerrando su espacio aéreo a operaciones estadounidenses e israelíes. Esta resistencia refleja en parte la impopularidad de la guerra en el continente. Desde el Gobierno estadounidense, además, ya se sembró la duda. El secretario de Defensa Pete Hegseth advirtió en febrero que la presencia militar estadounidense en Europa "no puede darse por garantizada a largo plazo".
Si Trump cumpliera su amenaza, las consecuencias serían monumentales. Expertos citados por Reuters señalan que una eventual retirada obligaría a Europa a aumentar su gasto en defensa en aproximadamente 250.000 millones de euros anuales, elevando el presupuesto militar hasta alrededor del 3,5 por ciento del producto interno bruto. Pero ese costo sería solo el comienzo. Un análisis del Atlas Institute calcula que reemplazar completamente las capacidades militares estadounidenses costaría alrededor de un billón de dólares a lo largo de 25 años.
El problema trasciende las cifras. Estados Unidos proporciona a la OTAN algo que Europa no desarrolló completamente durante décadas: la integración de inteligencia, comunicaciones satelitales y ataques de precisión en una arquitectura operativa común. Europa necesitaría reconstruir lo que especialistas llaman el "lenguaje operativo común", esa coordinación que permite a las fuerzas aliadas actuar rápidamente bajo presión. Según el think tank Bruegel, Europa tendría que duplicar sus fuerzas mecanizadas y blindadas, con capacidad equivalente a 300.000 soldados estadounidenses. Esto significa aproximadamente 50 nuevas brigadas europeas, además de 1.400 tanques, 2.000 vehículos de combate de infantería y 700 piezas de artillería, entre otros armamentos. Bruegel subraya que "esto representa una capacidad de combate superior a la de las fuerzas terrestres francesas, alemanas, italianas y británicas combinadas".
Aunque Europa ya está en el mayor proceso de rearme desde los años cincuenta, expertos dudan que sea suficientemente rápido. Polonia supera el 4 por ciento del PIB en gasto militar y Alemania reformó su constitución para impulsar defensa, pero una salida estadounidense abrupta crearía un vacío que tardaría años en cerrarse. La amenaza es aún más grave considerando a Rusia. Moscú ha reforzado enormemente su capacidad militar tras cuatro años de guerra en Ucrania. A finales de 2024, Rusia tenía aproximadamente 700.000 soldados desplegados en territorio ucraniano, cifra muy superior a la invasión inicial de 2022. Su producción militar también se disparó: en 2024 produjo 1.550 tanques, 5.700 vehículos blindados y 450 piezas de artillería, además de desplegar municiones de largo alcance. Comparado con 2022, representa aumentos del 220 por ciento en tanques, 150 por ciento en vehículos blindados y 435 por ciento en municiones merodeadoras.
Los expertos advierten que más allá de una retirada formal, las señales contradictorias de Trump ya están debilitando la alianza. El Artículo 5 de la OTAN, que establece que un ataque contra un aliado es un ataque contra todos y ha sido el pilar de la disuasión durante décadas, está en riesgo si Washington envía mensajes ambiguos sobre su compromiso. El exfuncionario de la OTAN Jamie Shea advirtió que estas declaraciones "mandan las señales incorrectas a Rusia y alientan al Kremlin a socavar y cuestionar a la OTAN". En el corto plazo, el mayor riesgo es que Rusia interprete la fractura como una oportunidad para probar la determinación de la alianza. Mientras tanto, Ucrania seguiría siendo vulnerable: su dependencia de inteligencia y equipamiento estadounidense sería difícil de reemplazar rápidamente por capacidades europeas.
Fuente original: France 24 - Medio Oriente



