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Totó, la Momposina: la voz que llevó el vallenato y la cumbia al mundo

Fuente: Guajira News
Totó, la Momposina: la voz que llevó el vallenato y la cumbia al mundo
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Sonia Bazanta Vides, conocida como Totó, la Momposina, fue una de las más grandes intérpretes de la música folclórica colombiana. Más allá de sus cumbias, también demostró su amor por el vallenato, especialmente con canciones como "La candela viva" de Heriberto Pretel Medina. Su legado trasciende fronteras, habiendo acompañado a García Márquez en Estocolmo y dejando una impronta indeleble en la tradición musical del país.

En 2006, en el corazón del Parque de la Leyenda Vallenata Consuelo Araujonoguera, Totó, la Momposina hizo gala de su versatilidad musical. Mientras interpretaba sus acostumbrados cantos folclóricos, la legendaria cantadora hizo una pausa para entonar "Las Islas Canarias", también conocida como "El sueño español", composición del maestro Adriano Salas Manjarrés que años atrás habían popularizado Luis Enrique Martínez, El Pollo Vallenato, y más tarde Freddy Peralta y Miguel López en 1975. La canción habla de un viaje imaginario: "Yo soñé con las Islas Canarias que había ido volando en un avión, pero al despertar de mi sueño me encuentro en mi tierra con esta ilusión". Emocionada por el momento y el escenario, expresó: "Polla Monsalvo, tienen un Festival Vallenato belo", reconociendo el trabajo que la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata venía cumpliendo desde 1986 para conservar la música vallenata.

Pero Totó no fue solo una intérprete de cumbia y ritmos del Caribe. Su conexión con el folclor colombiano era profunda y diversa. En 1979, conoció al maestro Heriberto Pretel Medina en Chimichagua, Cesar, una tarde del 26 de junio que quedó grabada en su memoria. Pretel le contó el origen de su célebre canción "La candela viva", una composición nacida de un incendio trágico que asoló el pueblo el 14 de febrero de 1923 en la casa de Luís Roberto León. La historia cuenta que Ana María Flórez asaba panochas, galletas y almojábanas en un horno de barro cuando la brisa hizo saltar chispas hacia el techo de palma, causando un fuego devastador. La canción captura la angustia de ese momento: "Fuego, fuego, fuego, la candela viva. Que allá viene la candela, la candela viva. Que ya viene por el higuerón, la candela viva". Totó divulgó esta obra maestra por muchos lugares de Colombia y el mundo, asegurando que su mensaje nunca cayera en el olvido.

La carrera de Totó, la Momposina fue verdaderamente internacional. Ella acompañó a Gabriel García Márquez en 1982 a Estocolmo, Suecia, cuando el colombiano recibió el Premio Nobel de Literatura el 10 de diciembre. En esa delegación también viajaron Poncho y Emiliano Zuleta, Pedro García, Pablo López, Leonor González Mina La Negra Grande de Colombia, Consuelo Araujonoguera, Rafael Escalona y Gloria Triana. Allá sonaron los vallenatos y las cumbias, y el baile de García Márquez con Totó fue especialmente llamativo. Su presencia no era simplemente decorativa: ella llevaba consigo la esencia de la cultura colombiana, transmitiendo a través de su voz la riqueza de nuestras raíces.

La influencia de Heriberto Pretel no se limitó a la época en que conoció a Totó. En 2013, el cantante Jorge Celedón grabó junto a la Momposina una nueva versión de "La candela viva" en Bogotá, manteniendo la autenticidad folclórica de la composición y demostrando que su vigencia permanecía intacta. Pretel, quien vivió gran parte de su vida en Plata Perdida, corregimiento de Chimichagua, siempre agradeció a su compadre Alejo Durán por haber llevado la canción a la grabación en 1955, evitando que quedara confinada al olvido. El viejo Heribe, como se le llamaba cariñosamente, murió el domingo 14 de agosto de 1988 a los 89 años. En su sepelio hubo una paradoja desgarradora: el sacerdote Guillermo Ramírez Gómez prohibió que sonaran las tamboras, argumentando que el difunto debía descansar en paz, cuando lo más apropiado hubiera sido despedirlo con la música que él mismo había creado con pasión.

El legado de Totó, la Momposina trascendió lo meramente musical. Su voz fue el puente entre las raíces africanas, indígenas y españolas que se entrelazaron en la tradición folclórica colombiana. Temas como "El pescador", composición de José Benito Barros Palomino que ella llevó por el mundo entero, demostraban su capacidad para conectar con historias profundamente humanas. En esa canción, el pescador habla con la luna, habla con la playa, no tiene fortuna, solo su atarraya. Así era Totó: una mujer que con su voz sencilla pero poderosa supo convertir las historias de la gente común en universales. Su paso por el mundo dejó un rastro de alegría y orgullo folclórico que todavía resuena en los corazones de quienes conocen la riqueza musical de Colombia.

Fuente original: Guajira News

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