Submarino nuclear soviético en el fondo del mar sigue liberando radiación tras 37 años hundido

El K-278 Komsomolets, un submarino soviético que se hundió en 1989 en aguas de Noruega, continúa emitiendo material radiactivo desde su reactor dañado. Un estudio reciente confirma que hay fugas activas, aunque los científicos advierten que la dilución en el océano y los sellos de titanio mantienen controlada la situación. Investigadores noruegos planean nuevas expediciones para entender mejor cómo evoluciona esta contaminación a gran profundidad.
A casi mil 700 metros bajo el océano, en aguas noruegas, reposa una de las herencias más peligrosas de la Guerra Fría. Se trata del submarino K-278 Komsomolets, un sofisticado artefacto soviético diseñado con doble casco de titanio para llegar a profundidades extremas. Treinta y siete años después de hundirse, este pecio sigue siendo objeto de intenso monitoreo científico porque continúa liberando radiactividad hacia el mar desde su reactor nuclear averiado.
El destino trágico del Komsomolets se selló el 7 de abril de 1989. Un incendio estalló en la parte trasera de la nave y se propagó rápidamente, alimentado por aire comprimido de una tubería rota. De los 69 marineros a bordo, apenas 27 sobrevivieron. Desde entonces, el submarino permanece erguido en el fondo marino, albergando en su interior no solo el reactor dañado sino también dos armas nucleares. Esto lo convierte en uno de los restos militares más vigilados de toda Europa.
Un estudio publicado recientemente en la revista PNAS reveló que el submarino sigue siendo una fuente activa de contaminación radiactiva. Equipos noruegos de investigación detectaron mediante vehículos operados a distancia que material radiactivo sale continuamente por una tubería de ventilación. Los análisis de los isótopos encontrados demostraron que "niveles elevados de radionúclidos liberados" provienen de la corrosión y degradación del combustible nuclear del reactor, algo que científicos rusos ya habían reportado décadas atrás.
A pesar de estos hallazgos inquietantes, el informe científico ofrece datos tranquilizadores para el ecosistema marino. No se encontraron rastros de plutonio proveniente de las ojivas nucleares en los compartimentos de torpedos, y la fauna local no muestra signales de afectación. Los refuerzos y tapones de titanio instalados por los rusos en los años noventa siguen funcionando como barrera de contención. El casco mantiene la estructura del submarino en posición vertical, lo que de alguna manera ha limitado la dispersión del material radiactivo.
La situación ha requerido cooperación internacional. Ya desde la época del hundimiento, las autoridades de la URSS hicieron un esfuerzo importante por asegurar la nave y compartir información con la comunidad científica mundial. Sin embargo, todavía hay muchas preguntas sin respuesta sobre cómo funciona exactamente este proceso de contaminación a través de los años.
Los científicos noruegos no dan este caso por cerrado. Planean nuevas expediciones equipadas con sumergibles de última tecnología para descifrar por qué la intensidad de las fugas varía con el tiempo. El objetivo es comprender mejor los mecanismos que alimentan este escape radiactivo continuo en lo que hoy es un vigilado y silencioso cementerio nuclear en las profundidades del Atlántico Norte.
Fuente original: El Tiempo - Vida