Santander enfrenta epidemia de obesidad impulsada por ultraprocesados y sedentarismo, alerta Instituto Masira

Investigadores de la Universidad de Santander advierten sobre un crecimiento acelerado de la obesidad abdominal, el sedentarismo y la mala alimentación en Colombia, fenómenos que están disparando las enfermedades cardiovasculares. El síndrome metabólico afecta al 42 por ciento de los adultos colombianos, principalmente por consumo de alimentos ultraprocesados y falta de movimiento. Los expertos subrayan que estas enfermedades avanzan silenciosamente durante años sin síntomas evidentes, por lo que la detección temprana y cambios en los hábitos de vida son fundamentales.
Una epidemia silenciosa y progresiva está transformando el perfil de salud en Santander y en Colombia. Investigadores del Instituto Masira de la Universidad de Santander advierten que la combinación del sedentarismo, el consumo masivo de alimentos ultraprocesados y la mala alimentación está generando lo que denominan una "epidemia metabólica" con consecuencias directas sobre las enfermedades cardiovasculares, hoy la principal causa de muerte en el mundo. Los hallazgos provienen del estudio Pure, una de las cohortes epidemiológicas más grandes a nivel mundial que analizó a más de 155.000 participantes en 21 países para entender cómo la transición alimentaria moderna está alterando el perfil de salud cardiovascular en América Latina.
Los números en Colombia son preocupantes. Según las investigaciones lideradas por el Instituto Masira, el síndrome metabólico afecta a cerca del 42 por ciento de los adultos colombianos. Esta condición está asociada principalmente con la obesidad abdominal y la disminución de la fuerza muscular. El doctor Patricio López-Jaramillo explicó que "la obesidad abdominal es la piedra angular del síndrome metabólico y uno de los determinantes más importantes de la enfermedad cardiovascular en América Latina". El investigador enfatizó que el problema va más allá del simple exceso de calorías. Lo que está ocurriendo es una transformación profunda de los hábitos alimentarios marcada por el incremento del consumo de alimentos ultraprocesados, sodio y azúcares, acompañado por la disminución de frutas, verduras, fibra y alimentos frescos. Muchas personas, explicó, consumen suficientes calorías pero mantienen dietas deficientes en nutrientes esenciales, situación que favorece alteraciones digestivas, deterioro inmunológico y problemas de salud mental.
Lo más peligroso es que estas enfermedades avanzan sin síntomas visibles durante años. Los investigadores advierten que la obesidad y las condiciones cardiometabólicas suelen desarrollarse sin señales evidentes. Entre los principales factores de riesgo identificados están la obesidad abdominal, el sedentarismo, el consumo frecuente de bebidas azucaradas y alimentos ultraprocesados, dietas altas en sodio y grasas saturadas, tabaquismo, estrés crónico, falta de sueño y antecedentes familiares de hipertensión o diabetes. Los estudios encontraron que personas con elevada circunferencia abdominal y menor fuerza en la mano presentaban peores perfiles cardiometabólicos, con alteraciones en glucosa, triglicéridos, colesterol HDL y presión arterial. Como advirtió López-Jaramillo, "la hipertensión arterial, la diabetes y la enfermedad cardiovascular pueden permanecer silenciosas durante años. Por eso es fundamental detectar tempranamente la obesidad abdominal y los factores de riesgo antes de que aparezcan complicaciones graves".
Otro fenómeno alarmante es la pérdida progresiva del movimiento en la vida cotidiana, incluso en personas jóvenes. Mabel Margoth Reyes Pulido, coordinadora del Instituto Masira, señaló que muchas comunidades en Colombia viven rodeadas de alimentos ultraprocesados, enfrentan largas jornadas laborales y tienen acceso limitado a espacios seguros para hacer actividad física. "Hoy muchas personas permanecen sentadas gran parte del día y tienen poco acceso a espacios seguros para realizar actividad física y entrenamiento de la fuerza. Eso también es un determinante social de la enfermedad", explicó. La investigadora insistió en que la actividad física no debe entenderse exclusivamente como práctica deportiva. Caminar, subir escaleras, bailar y fortalecer la musculatura son intervenciones de salud pública con impacto demostrado sobre el riesgo cardiovascular.
Los investigadores recomendaron realizar controles periódicos de presión arterial, glicemia, perfil lipídico y circunferencia abdominal, además de fortalecer hábitos saludables desde edades tempranas. El Instituto Masira ha desarrollado modelos comunitarios de prevención cardiovascular como Re-Hope y Catch, orientados a la detección temprana de hipertensión y otros factores de riesgo. Estos incluyen estrategias de búsqueda activa, visitas domiciliarias, educación comunitaria y promoción de estilos de vida saludables, especialmente en comunidades vulnerables, rurales y en condición de pobreza.
López-Jaramillo enfatizó que uno de los principales errores del sistema sanitario ha sido esperar a que las personas lleguen enfermas a los hospitales para intervenir. "No podemos seguir esperando a que las personas lleguen enfermas al hospital. La prevención cardiovascular debe empezar en la comunidad, en los hogares, en la alimentación y en los estilos de vida", sostuvo. Desde la Udes e Instituto Masira hicieron un llamado a ciudadanos, universidades, instituciones de salud, líderes comunitarios y autoridades territoriales para vincularse activamente a las iniciativas de prevención. Reyes Pulido concluyó que las transformaciones sostenibles comienzan desde acciones cotidianas: "Cada persona puede convertirse en un actor de cambio: mejorar la alimentación, caminar más, reducir el sedentarismo, participar en actividades comunitarias y tomarse la presión arterial periódicamente son acciones simples que pueden salvar vidas".
Fuente original: El Tiempo - Salud