Santa Marta endurece controles a chivas rumberas por ruido excesivo y desorden
Las autoridades de Santa Marta intensificaron operativos contra las chivas rumberas tras múltiples quejas de ciudadanos por contaminación auditiva en horas nocturnas. El Dadsa y la Secretaría de Movilidad verifican el cumplimiento de normas ambientales y de tránsito. Durante los controles encontraron conductores sin licencia y vehículos que no cumplen requisitos básicos.
La paciencia se acabó en Santa Marta. Las autoridades distritales decidieron tomar cartas en el asunto frente a un problema que viene generando malestar en varios sectores de la ciudad: las chivas rumberas operando sin control. Vecinos de diferentes barrios han reportado de forma constante cómo estos vehículos transitan con música a volúmenes que superan los límites permitidos, especialmente durante la madrugada, impidiendo que la gente descanse y afectando la tranquilidad de las zonas residenciales.
El Departamento Administrativo de Sostenibilidad y Medio Ambiente, Dadsa, junto con la Secretaría de Movilidad, pusieron en marcha operativos conjuntos para verificar que estos vehículos cumplan con las normas ambientales y de tránsito, particularmente en lo que respecta a los límites de ruido permitidos durante los recorridos nocturnos. Las denuncias ciudadanas han sido reiteradas, y no se trata solo de una molestia sonora: muchos residentes aseguran que esta situación genera sensación de desorden e inseguridad en sus barrios.
Lo que encontraron las autoridades durante estos operativos fue preocupante. Conductores circulando sin licencia, vehículos que carecen de los requisitos básicos de tránsito y equipos que violan abiertamente las normas ambientales vigentes. La directora del Dadsa, Paola Gómez, fue clara en su diagnóstico: existe "una problemática reiterada por contaminación auditiva generada por estos vehículos".
El refuerzo en los controles no es capricho: responde a una necesidad real de los samarios que quieren disfrutar de sus noches en paz, sin que equipos de sonido a todo volumen les impidan descansar. La ciudad necesita diversión y turismo, claro está, pero también necesita que sus vecinos puedan vivir sin que la convivencia se vea alterada.
Fuente original: El Informador