San Andrés tiene apenas 17 meses antes de que su relleno sanitario se sature completamente

La Corporación Autónoma Regional (Coralina) alertó a la Gobernación sobre el colapso inminente del relleno sanitario Magic Garden en la isla de San Andrés. Según documentos técnicos, la infraestructura agotará su capacidad en apenas diecisiete meses. El problema refleja una realidad más profunda: la isla produce residuos a un ritmo mucho más acelerado que el de sus soluciones estructurales para manejarlos.
Cuando Coralina solicitó a la Gobernación una declaratoria de alerta amarilla ambiental el pasado 7 de mayo, los números fueron contundentes pero se expresaron con la frialdad típica de un informe administrativo: el relleno sanitario Magic Garden tiene apenas diecisiete meses de vida útil restante.
Diecisiete meses no es mucho tiempo. Es el lapso en que un bebé nace y comienza a caminar, o en que una pareja se enamora y se decepciona, o en que un estudiante cursa casi tres semestres universitarios. Pero parece insuficiente para que San Andrés resuelva qué hará con toda su basura cuando este sitio se sature.
Lo inquietante no es que la crisis llegue de sorpresa. Es precisamente lo opuesto: es una calamidad perfectamente anunciada, convertida en cronograma técnico y números en un documento PDF. El apocalipsis ambiental redactado en lenguaje burocrático, como si se tratara de una falla en el aire acondicionado o del vencimiento de una póliza.
Mientras tanto, la isla continúa produciendo residuos con la disciplina de quien cree que alguien más resolverá el problema después. Botellas, icopor, plásticos de turistas, restos de comida: cada bolsa negra amarrada en los hogares parece susurrar "que el futuro se encargue". Y el futuro está llegando más rápido de lo que se imagina.
Magic Garden es más que un relleno sanitario: es el espejo de San Andrés entera. Un territorio hermoso que aprendió a expandir el consumo con velocidad de crucero, pero cuyas soluciones estructurales avanzan al ritmo de un crucero varado. La isla históricamente ha tratado sus problemas como si el mar fuera a tragárselos discretamente durante la noche. Pero la basura no desaparece. Solo cambia de lugar, y cuando el relleno se llene, la pregunta incómoda quedará flotando: ¿a dónde van a ir las 17 toneladas diarias de residuos que genera el paraíso?
Fuente original: El Isleño



