San Andrés necesita descolonizar su mente: el llamado de un ingeniero raizal

El ingeniero Jairo Rodríguez Davis describe el archipiélago de San Andrés, Providencia y Ketleena como una "isla prisión" donde el sistema ha cautivado la mente colectiva raizal. Según analistas, existe un proyecto de reingeniería mental para convertir la identidad raizal en una mentalidad colombiana. Se necesita un proceso deliberado de descolonización que rechace las narrativas impuestas y recupere las tradiciones históricas y culturales propias.
El ingeniero Jairo Rodríguez Davis ha encontrado una frase que resume lo que ocurre en el archipiélago de San Andrés, Providencia y Ketleena: "la isla prisión". No es una expresión exagerada. En realidad, describe con precisión lo que ha sucedido en estos territorios durante años.
El archipiélago sigue atrapado en un sistema que mantiene cautiva la mente colectiva del pueblo raizal, limitando su capacidad para imaginar alternativas diferentes al llamado "Plan Secreto" del gobierno nacional. Como lo ha señalado Roy Newball, este plan funciona como un proyecto de "reingeniería de la mente raizal para convertirla en una mentalidad colombiana". Con el tiempo, la situación no mejora sino que se agrava. Cada vez más personas son moldeadas por ella, y la identidad comunitaria se va absorbiendo en el sistema. Lo que urge ahora es un proceso deliberado de descolonización.
Hoy muchos raizales adoptan patrones de pensamiento más cercanos a la lógica del colonizador que a sus propias y ricas tradiciones históricas, culturales y sociales. Incluso la corrupción política, algo que antes era ajeno al espíritu comunitario, se ha normalizado. Esto no es solo una crisis política, sino cultural y moral.
Pero regresar a esos valores fundamentales no es cuestión de mirar hacia atrás nada más. Exige enfrentar el sistema que sigue condicionando la forma en que las personas piensan, eligen e imaginan. En otras palabras, requiere liberar la mente. Rafiq Khoury propone un marco útil para este trabajo: la tensión entre dos tipos de memoria. Una es la "memoria de la prisión", que atrapa a las personas dentro de los límites de lo que ya existe, desalienta la creatividad y mantiene a los individuos confinados en sistemas heredados, tal como los prisioneros en la caverna de Platón. Bajo su influencia, el pueblo raizal puede creer que alinearse con el sistema colonial es su único camino, sin ver que tal alineación profundiza su confinamiento.
En contraste, la memoria como profecía es liberadora. Khoury la describe como la fuerza que impulsa a las personas a "inventar un nuevo futuro y una nueva narrativa aún no contada". Raymond Howard lo resume así: se convierte en "una realidad alternativa que desafía proféticamente la realidad sistémica actual".
Esta memoria profética no rechaza el pasado, sino que lo recupera como fuente de visión y posibilidad. Empodera a un pueblo para imaginar un futuro arraigado en su identidad y libre de limitaciones impuestas. Descolonizar las mentes raizales comienza, entonces, por rechazar la "memoria carcelaria" como definitiva. Requiere el coraje de contar una historia diferente a la dominante. Y exige una resistencia firme a las narrativas sutiles e impuestas que sostienen el sistema colonial. Lo fundamental es recordar esto: una mente encarcelada no se hereda, se impone. Y todo lo que se impone puede eliminarse.
Fuente original: El Isleño
