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San Andrés apunta a ser referente del Caribe con programa de gestión de residuos

Fuente: El Isleño
San Andrés apunta a ser referente del Caribe con programa de gestión de residuos
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El Programa Basura Cero, oficializado por el Gobierno en 2025, busca transformar los residuos en recursos económicos mediante la economía circular. En San Andrés, Providencia y Santa Catalina, esta estrategia representa la oportunidad de fortalecer la sostenibilidad ambiental mientras se generan empleos verdes y se protege la Reserva de Biosfera Seaflower. La jornada realizada el 10 de junio en San Andrés mostró el compromiso institucional por impulsar modelos de gestión más eficientes y compatibles con el desarrollo insular.

Las islas del Caribe llevan décadas lidiando con el mismo problema: cómo manejar la basura que generan sus habitantes y turistas. En territorios pequeños, con ecosistemas delicados y una economía que depende fuertemente del turismo, la gestión de residuos dejó de ser un asunto administrativo para convertirse en una cuestión de supervivencia ambiental y desarrollo sostenible.

En Colombia, el Programa Basura Cero representa un cambio de paradigma. En lugar de seguir el modelo tradicional de producir, consumir y desechar, la idea es transitar hacia una economía circular donde los residuos se transforman en recursos capaces de generar valor económico, empleos y beneficios para el ambiente. El concepto no es nuevo, pero ganó fuerza legal en 2023 cuando se incluyó en el Plan Nacional de Desarrollo. Luego, en junio de 2025, el Gobierno Nacional expidió el Decreto 670 que formalizó el programa, definió sus objetivos y trazó metas para 2026, 2030 y 2037.

Para el Archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, esta visión abre una puerta excepcional. No se trata solo de reducir la cantidad de basura en los botaderos, sino de construir un modelo de desarrollo que respete la Reserva de Biosfera Seaflower y que se alinee con principios de bioeconomía y economía azul. Los residuos orgánicos que generan hoteles, restaurantes y comercios podrían convertirse en compost para fortalecer la agricultura local y programas de reforestación. Materiales reciclables como plástico, vidrio, cartón y metales podrían integrar nuevas cadenas de valor. Incluso los plásticos y redes de pesca abandonadas en el mar podrían recuperarse para convertirse en emprendimientos verdes y procesos de reciclaje.

El 10 de junio pasado, la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRA) realizó una jornada especial en San Andrés para presentar los avances del programa y las oportunidades de la economía circular. La iniciativa también contempla crear centros de economía circular en las islas para organizar la clasificación y comercialización de materiales recuperados, lo que abriría puertas a empleos verdes para recicladores de oficio, jóvenes y comunidades locales.

Pero sin una transformación cultural real, ningún programa Basura Cero funcionará. Será necesario que escuelas, universidades, empresas y organizaciones comunitarias hagan de la separación en la fuente y la educación ambiental prácticas cotidianas. La tecnología también juega un papel importante: sensores y plataformas de monitoreo podrían optimizar la recolección de basura y mejorar la toma de decisiones basada en datos, convirtiendo las islas en territorios más inteligentes.

San Andrés y Providencia tienen todas las condiciones para convertirse en un laboratorio de innovación ambiental para toda la región caribeña. Si logran integrar Basura Cero con bioeconomía, economía azul y tecnología inteligente, podrían posicionarse como referente regional de desarrollo sostenible. El verdadero desafío está en reconocer que los residuos no son un problema inevitable, sino un recurso desaprovechado.

Para que este cambio sea posible, resulta fundamental que la estrategia se consolide como una política de Estado con visión de largo plazo, más allá de los cambios de gobierno. Los desafíos ambientales del archipiélago no responden a ciclos políticos de cuatro años, sino a la necesidad permanente de preservar el patrimonio natural de Seaflower para las futuras generaciones. El futuro de estas islas dependerá, en buena medida, de la capacidad para convertir la basura en oportunidad y la sostenibilidad en motor de desarrollo.

Fuente original: El Isleño

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