Rubio busca convencer al G7 sobre estrategia contra Irán mientras aliados europeos expresan escepticismo

El secretario de Estado estadounidense Marco Rubio participó en una reunión del G7 en Francia para explicar la estrategia de Washington en la guerra contra Irán, iniciada hace cuatro semanas junto a Israel. Los aliados europeos, especialmente Francia y Reino Unido, cuestionan el conflicto y abogan por la vía diplomática. Las tensiones se intensificaron por acusaciones sobre cooperación entre Rusia e Irán, mientras los ministros abandonaron la cumbre sin consenso claro sobre las crisis en Medio Oriente y Ucrania.
Mientras la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán entra en su cuarta semana, las principales democracias occidentales se encuentran divididas sobre cómo responder a la escalada en Medio Oriente. En una reunión celebrada el viernes en la histórica abadía de Vaux-de-Cernay, cerca de París, el secretario de Estado Marco Rubio intentó convencer a ministros de Asuntos Exteriores del G7 de que Washington tiene una estrategia clara para el conflicto, pero se encontró con un muro de escepticismo, especialmente de Francia y Reino Unido.
Rubio llegó con las manos atadas. Apenas 24 horas antes, el presidente Donald Trump había criticado nuevamente a la OTAN por no apoyar la operación militar contra Irán ni contribuir a proteger el estratégico estrecho de Ormuz, bloqueado de facto por Teherán. El funcionario estadounidense no ayudó mucho a mejorar el clima cuando declaró a su llegada: "No estoy aquí para complacerlos (...) Trabajo para el pueblo de Estados Unidos". Un mensaje que reflejaba la tensión creciente entre Washington y sus aliados tradicionales.
Francia se mostró particularmente escéptica. Su ministra de las Fuerzas Armadas, Catherine Vautrin, afirmó que el conflicto "no nos concierne" y defendió la diplomacia como único camino hacia la paz. El Reino Unido adoptó una posición similar, apoyando solo acciones defensivas pero cuestionando las operaciones ofensivas estadounidenses. Estos países están preocupados por el alza de los precios del petróleo y gas, ya que el bloqueo del estrecho de Ormuz ha generado inestabilidad en los mercados internacionales.
Un tema adicional que complicó las conversaciones fue la acusación de que Rusia está ayudando a Irán. Funcionarios europeos aseguran que Moscú ha proporcionado imágenes satelitales, asistencia técnica para modernizar drones y posiblemente inteligencia sobre objetivos estadounidenses. Yvette Cooper, secretaria británica de Asuntos Exteriores, expresó profunda preocupación por los vínculos entre Rusia e Irán, recordando cómo Teherán ha suministrado drones a Moscú para usar en Ucrania. El ministro de Asuntos Exteriores de Ucrania, Andrii Sybiha, subrayó que los conflictos en Medio Oriente y Ucrania están interconectados. Moscú rechazó las acusaciones: su canciller Serguéi Lavrov admitió haber suministrado equipo militar a Irán pero negó compartir inteligencia.
Rubio intentó minimizar la importancia de la cooperación rusa-iraní, diciendo que Rusia está enfocada principalmente en su propia guerra. Sin embargo, diplomáticos europeos esperaban que Estados Unidos adoptara una postura más firme frente a Moscú si se confirmaban las acusaciones. El ministro alemán Johann Wadephul fue más directo: "Rusia está apoyando evidentemente a Irán con información sobre posibles objetivos".
Al cierre de la reunión, la fragmentación entre potencias occidentales era evidente. No hubo consenso sobre cómo detener la escalada en Medio Oriente, tampoco sobre la relación ruso-iraní, y la guerra en Ucrania sigue sin resolverse. Los ministros se fueron sin respuestas claras, dejando más preguntas que soluciones sobre cómo Occidente navegará los próximos meses en un panorama geopolítico cada vez más inestable.
Fuente original: France 24 - Europa



