Rubén Blades despide a Willie Colón: reconocimiento sin olvidos de sus conflictos

Rubén Blades publicó un extenso texto honrando a Willie Colón tras su muerte, reconociendo su aporte musical transformador pero sin ocultar los conflictos que los separaron. El panameño reconstruye cómo juntos llevaron la salsa desde la música de barrio hacia una propuesta política y panamericana. En su despedida, Blades insiste en separar el juicio personal de las disputas legales y políticas del legado artístico compartido que aún resuena en nuevas generaciones.
Rubén Blades cumplió lo que se propuso. Semanas después de conocerse la muerte de Willie Colón, el cantautor panameño compartió un texto extenso y honesto donde reconstruye toda su relación con el trombonista neoyorquino. No se trata de una despedida convencional: en estas páginas Blades reconoce lo que construyeron juntos pero también deja clara constancia de los conflictos que los separaron.
El escrito, publicado el 23 de febrero, comienza con una escena precisa. Blades recuerda el último encuentro con Colón, el 3 de abril de 2023, durante el velorio del músico Jorge "Georgie" González. Cuenta que sorprendió verlos juntos nuevamente después de tanto tiempo, pero la conversación fluyó con cordialidad a pesar de todo lo que los había alejado. Desde ahí, el relato avanza como una memoria personal donde se mezclan el afecto, el reconocimiento artístico y un ajuste de cuentas sin rodeos.
El origen de todo se remonta a finales de los años sesenta. Blades vio a Colón tocando junto a Héctor Lavoe en Panamá durante los carnavales. Le impresionó la energía y el espíritu rebelde de esa banda joven. Años después, ese encuentro casual evolucionó en una colaboración que cambió la manera de hacer salsa. Blades y Colón expandieron el género: pasaron de canciones sobre el barrio y el baile a una propuesta urbana, nacional y sin miedo a lo político. Esa decisión llevó la salsa a dimensiones que nunca antes había alcanzado, llegando a todo el continente americano y más allá. Según Blades, Colón tenía la inteligencia musical necesaria para entender lo que él quería decir en cada canción y convertirlo en arreglos que funcionaran en cualquier parte del mundo.
El panameño no se limita a recordar los discos de estudio. Destaca también la disposición de Colón para asumir riesgos creativos, incluso cuando no garantizaban éxito comercial. Como ejemplo menciona El Baquiné de los Angelitos Negros, un disco poco conocido que Colón hizo como banda sonora para un programa de televisión pública estadounidense. No fue un éxito en ventas, pero demostró la curiosidad artística del músico por explorar caminos nuevos tanto dentro como fuera de la salsa. Esa actitud, según Blades, siempre la respetó.
En su texto, Blades también trae a la memoria momentos de solidaridad personal. Recuerda cuando Colón lo apoyó para interpretar Tiburón en Miami a pesar de las amenazas previas. También menciona un concierto en el famoso Studio 54 de Nueva York, donde una intervención política de Blades molestó a los organizadores, pero Colón salió en su defensa. Estos gestos los incorpora Blades como parte de la complejidad real de su relación.
Esa complejidad es justamente lo que Blades no esconde. Reconoce que las diferencias personales existieron y seguirían existiendo. Usa la metáfora del divorcio para explicar cómo es posible mantener cariño y memoria compartida aunque el conflicto nunca se resuelva completamente. Luego enumera sin ambigüedades los motivos de su quiebre definitivo: la demanda judicial de Colón por un concierto, el acuerdo posterior fuera de los tribunales y la ausencia de disculpas, incluso después de que la empresa responsable fue obligada a devolver el dinero. Suma también su desacuerdo con las posiciones políticas que Colón apoyó en los últimos años.
Pero nada de eso, insiste Blades, borra lo que construyeron juntos. Hace una separación clara entre su juicio personal sobre Colón y el legado artístico y político que compartieron. Ese legado vive en canciones que promovieron la unidad, la solidaridad y una identidad latinoamericana común, un alcance que todavía resuena en generaciones nuevas. Para cerrar, Blades traza una línea directa entre el llamado a la unidad latinoamericana que aparece al final de Plástico, del álbum Siembra, y gestos culturales de hoy. Con eso refuerza la idea de que hay una herencia viva que trasciende los conflictos personales.
Fuente original: El Colombiano - Tendencias