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Roy Barreras apuesta por la experiencia: "Gobernar no es improvisar con la vida de la gente"

Fuente: KienyKe - Portada

Roy Barreras defiende la experiencia como herramienta para gobernar en un país marcado por la improvisación. El político, quien fue médico en hospitales públicos antes de entrar a la política, critica errores del gobierno Petro en salud y seguridad, pero reconoce aciertos en inclusión social. Propone un gobierno de centro que sume fuerzas, incluso abierto a que Gustavo Petro acompañe como vicepresidente si lo considera necesario.

Roy Barreras llega sin prisa de demostrar nada. No intenta verse nuevo ni renovado. En un país donde el ruido y la improvisación dominan, él insiste en algo que casi resulta incómodo hoy: que la experiencia tiene valor.

Habla desde la tranquilidad de quien ya ha estado donde se toman las decisiones grandes. Su recorrido no es épica ni resentimiento, es biografía. Hijo de madre soltera, criado en barrios populares de Bogotá, fue mesero, panadero y taxista antes de ser médico. Trabajó años en hospitales públicos en urgencias. Estuvo en Armero después de la tragedia, en Armenia después del terremoto, en lugares donde el Estado apenas llegaba. "He pasado la vida salvando vidas", dice sin dramatizar.

Eso marcó cómo entiende el poder. Para Barreras, la política es un oficio hostil, ingrato, incluso infeliz. Lo dice claro: "La política no me hace feliz, pero es una obligación". Su felicidad está en la literatura, en sus hijos y nietos, en la vida privada. Vuelve a la política porque retirarse le parece una irresponsabilidad frente a un país que sigue fracturándose.

Cuando habla de salud, no teoriza. Habla como médico. Es directo: no se puede desmontar un sistema sin tener listo el siguiente, porque en ese vacío se pierden vidas. Para él, gobernar es diferente a improvisar o experimentar con la gente. "Yo no improviso, yo hago las cosas", afirma. Defiende un sistema mixto, público y privado, con controles reales a la corrupción, pago digno al personal médico y una lógica que parece olvidada: si el Estado lleva otros servicios a las casas, también debería garantizar que los medicamentos lleguen mes a mes a quienes los necesitan para vivir.

En seguridad, se aleja tanto del autoritarismo como de la ingenuidad. No promete mano dura ni concesiones sin límite. Plantea recuperar el control territorial, proteger familias en barrios y usar tecnología como herramienta de prevención. Repite una idea contundente: ningún gobierno tiene sentido si no protege la vida cotidiana de los ciudadanos.

Su recorrido político inevitablemente genera preguntas. Barreras no las esquiva. Explica su camino como una secuencia histórica: primero la exigencia de seguridad, luego la urgencia de la paz y después la deuda social. Acompañó procesos, se apartó cuando lo consideró necesario y asumió costos políticos cuando decidió hablar con enemigos para cerrar una guerra. No lo presenta como virtud moral, sino como decisiones en momentos críticos.

Reconoce aciertos de Gustavo Petro, en especial haber puesto la inclusión social en el centro y haberle dado voz a sectores marginados. Pero también señala errores graves. Para Barreras, la Paz Total fracasó por falta de control efectivo sobre grupos armados, y la crisis de salud se profundizó por decisiones improvisadas. Su crítica no es ideológica, es de ejecución.

Aquí aparece uno de los momentos más relevantes. Barreras recuerda que Petro no llegó solo al poder y que su victoria fue posible por una coalición amplia que él ayudó a construir. No lo dice con arrogancia, sino como recordatorio de cómo funciona realmente el poder en Colombia: se gana sumando, no dividiendo. Desde ahí lanza una afirmación que resuena: Gustavo Petro no está inhabilitado para ser vicepresidente de la República, y él estaría dispuesto a invitarlo a acompañar una fórmula de gobierno. No es gesto simbólico ni provocación, sino señal de equilibrio entre centro e izquierda y garantía para colombianos que creen en el cambio pero hoy sienten frustración por los resultados.

Aclara que Petro tiene su propio candidato y su camino, pero insiste en que el país necesita menos disputas internas y más capacidad de gobernar. Para él, la experiencia no solo cuenta en la hoja de vida, sino en la capacidad de construir acuerdos, ejecutar políticas y evitar que Colombia vuelva a romperse en bandos irreconciliables. "Yo sé cómo unir este país", dice convencido de que gobernar exige método, experiencia y disposición de dar garantías a todos, incluso a quienes piensan distinto.

En el tramo más personal aparece un hombre consciente del costo que cobra la política en Colombia. Habla de sacrificios, riesgos, silencios. Cuenta que antes de esta campaña se retiró a meditar, a preguntarse si valía la pena volver a exponerse. La respuesta no fue épica, fue práctica: si cree que sabe gobernar mejor, retirarse sería culpa.

Roy Barreras no se presenta como salvador ni como recién llegado. Aparece como alguien que ya estuvo en el centro de las decisiones y cree que su momento no ha terminado. En esta conversación emerge un político que no promete reinventarlo todo, sino gobernar con la convicción de que la experiencia, lejos de ser un lastre, puede ser la herramienta para corregir, ejecutar y evitar que Colombia siga pagando el precio de la improvisación.

Fuente original: KienyKe - Portada

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