Recuperan 42 páginas "fantasma" de un manuscrito del siglo VI usando tecnología de imagen avanzada

Un equipo internacional de investigadores logró reconstruir digitalmente 42 páginas del Códice H, un manuscrito del siglo VI con las cartas de San Pablo que fue desmantelado hace 800 años. Usando técnicas de imagen multiespectral, detectaron rastros químicos invisibles que la nueva tinta había dejado en las hojas cercanas. El hallazgo no cambia lo que sabemos del contenido bíblico, pero revela cómo se escribían, transformaban y circulaban estos textos sagrados en la antigüedad.
Durante siglos se creyó que parte de uno de los manuscritos más importantes del cristianismo primitivo había desaparecido para siempre. Pero investigadores acaban de demostrar que eso no es del todo cierto. Un equipo internacional logró reconstruir 42 páginas que ya no existen físicamente, pero que dejaron huellas invisibles grabadas en el material original.
Todo gira en torno al Códice H, un documento del siglo VI que contiene las cartas del apóstol San Pablo. Este manuscrito fue desarmado en el siglo XIII en un monasterio ubicado en el monte Athos, en Grecia. Sus hojas fueron reutilizadas como material de encuadernación para otros libros, una práctica común en esa época cuando el pergamino era sumamente costoso. El proceso fragmentó el códice y dispersó sus restos por diferentes bibliotecas europeas.
El secreto del hallazgo está en la química. Cuando el manuscrito fue reentintado, la nueva tinta dejó una especie de transferencia hacia las páginas cercanas. "Los productos químicos de la nueva tinta causaron daños por 'desplazamiento' en las páginas enfrentadas, creando esencialmente una imagen especular del texto en la hoja opuesta", explicó el investigador principal del estudio.
Con base en este fenómeno, los científicos utilizaron técnicas de imagen multiespectral capaces de detectar esas marcas imperceptibles al ojo humano. A partir de ellas reconstruyeron digitalmente fragmentos completos, permitiendo recuperar información equivalente a decenas de páginas a partir de solo unas pocas hojas conservadas. Pruebas de datación por radiocarbono confirmaron la antigüedad del pergamino y reforzaron la identificación de los fragmentos como parte del códice original.
Aunque los textos recuperados corresponden a pasajes ya conocidos de las cartas paulinas, el verdadero valor está en lo que revelan sobre cómo circulaban estos textos. Entre los hallazgos aparecen algunas de las listas de capítulos más antiguas de estas epístolas, cuya organización difiere notablemente de la actual. Esto permite rastrear cómo se estructuraban y leían estos escritos en los primeros siglos del cristianismo.
Los fragmentos también muestran el trabajo diario de los escribas: correcciones, anotaciones y formas de interactuar con los textos sagrados. Estos detalles ofrecen una mirada concreta sobre cómo se copiaban y utilizaban estos documentos en la antigüedad. El estado físico del códice revela además cómo los monjes medievales reutilizaban materiales, demostrando que incluso textos considerados sagrados podían ser reciclados cuando dejaban de cumplir su función original.
En conjunto, este rescate no cambia lo que se sabe del contenido bíblico, pero amplía significativamente la comprensión de su historia material: cómo se escribió, se transformó y circuló a lo largo de los siglos.
Fuente original: El Tiempo - Vida