Qué sabemos científicamente sobre los terremotos: cómo se producen, si se pueden predecir y si el calor influye

Los potentes terremotos que azotaron Venezuela dejaron cientos de muertes y reavivaron preguntas comunes sobre estos fenómenos. Los sismos son resultado de movimientos en la corteza terrestre que liberan energía acumulada, no pueden ser predichos con precisión científica actual, y no tienen relación con las temperaturas atmosféricas. La prevención mediante construcciones resistentes sigue siendo la mejor defensa contra sus efectos.
Los dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 que golpearon Venezuela el 24 de junio dejaron una estela de destrucción con centenares de muertes, miles de heridos y desaparecidos, especialmente en La Guaira. Más allá de la emergencia humanitaria inmediata, el desastre ha reabierto un debate sobre la naturaleza de estos fenómenos naturales. ¿Cómo se originan realmente? ¿Cuánto duran? ¿Influye el calor en su ocurrencia? El Servicio Geológico Colombiano ha compilado respuestas científicas a estas inquietudes que surgen naturalmente tras eventos de esta magnitud.
Los sismos son sacudidas que se producen cuando se libera energía acumulada en el interior del planeta. Esa energía se propaga en forma de ondas y, cuando alcanza la superficie, genera movimientos perceptibles que pueden causar daños severos dependiendo de su intensidad. La causa principal es el movimiento de las placas tectónicas, enormes bloques que fragmentan la corteza terrestre y se desplazan lentamente unos respecto de otros. Cuando estas placas se deforman o rompen por las tensiones acumuladas, liberan de pronto esa energía y ocurre un sismo. Pero los volcanes también pueden generar actividad sísmica por el movimiento del magma, e incluso algunas actividades humanas como la extracción de petróleo, gas o minerales pueden inducir movimientos sísmicos.
Es importante aclarar que los términos sismo, temblor y terremoto son sinónimos. No existe diferencia científica entre ellos, aunque en el lenguaje cotidiano se asocie "terremoto" con eventos destructivos. Esa conexión corresponde más a una construcción cultural que a una definición geológica.
La duración de un terremoto varía según cómo se mida. Para una persona, corresponde al tiempo durante el cual percibe el movimiento en su cuerpo. Para los instrumentos científicos, el registro puede extenderse varios minutos. Y para los geólogos, la ruptura de la falla que origina el sismo dura apenas algunos segundos. La percepción también está influida por la distancia al epicentro, las características del terreno y el tipo de construcción donde se encuentra quien lo experimenta.
La magnitud y la profundidad son factores clave para determinar cuánto daño causa un terremoto. Un sismo superficial, cuyo origen está a menos de 70 kilómetros de profundidad, suele generar efectos más severos en la superficie que uno más profundo de igual magnitud. A esto se suman otros elementos como la distancia al epicentro, la geología local, la densidad poblacional y la calidad de las construcciones. Por eso algunos terremotos causan más daños que otros, aunque tengan magnitudes similares.
Frecuentemente después de grandes sismos aparecen teorías que relacionan las altas temperaturas con la actividad sísmica. Sin embargo, el Servicio Geológico Colombiano es categórico: no existe evidencia científica que respalde esa creencia. Los terremotos son resultado de procesos que ocurren a kilómetros de profundidad en el interior de la Tierra, mientras que el calor atmosférico corresponde a fenómenos que se desarrollan en el aire. "La atmósfera y el subsuelo tienen procesos y dinámicas propias y no están relacionados directamente entre sí", señala el organismo. Por tanto, la temperatura ambiental no puede considerarse un indicador de que vaya a ocurrir un terremoto.
Otra pregunta común es si se pueden predecir los sismos. La respuesta continúa siendo no. Actualmente no existe ningún método científicamente comprobado que permita predecir cuándo ocurrirá un terremoto, dónde se producirá exactamente o cuál será su magnitud. Los científicos pueden identificar regiones con alta actividad sísmica, pero todavía no cuentan con herramientas para anticipar con precisión la ocurrencia de un evento.
Ante la imposibilidad de predecir terremotos, los expertos coinciden en que la estrategia más efectiva es fortalecer la preparación de las comunidades y garantizar construcciones sismo resistentes. Gran parte de las víctimas se produce por el colapso de edificaciones vulnerables. Las recomendaciones incluyen reforzar estructuras existentes, promover normas de construcción adecuadas, realizar simulacros y fortalecer planes de gestión del riesgo. La tragedia de Venezuela vuelve a recordar una realidad: los terremotos son fenómenos naturales imposibles de evitar, pero cuyos efectos pueden mitigarse mediante el conocimiento científico, la preparación y la reducción de la vulnerabilidad de las ciudades.
Fuente original: El Tiempo - Vida