Qué hace el ébola en el cuerpo: la OMS alerta por brote en Congo con variante poco común

La Organización Mundial de la Salud declaró una emergencia internacional por un brote de ébola en la República Democrática del Congo, asociado a la variante Bundibugyo, una cepa poco frecuente que solo había causado brotes en 2007 y 2012. Con cerca de 250 casos sospechosos y al menos 80 muertes reportadas, el virus ataca múltiples órganos del cuerpo humano y no tiene vacuna específica aprobada todavía. Las dificultades para rastrear contagios en zonas de conflicto armado preocupan a los especialistas.
La Organización Mundial de la Salud acaba de declarar una emergencia de salud pública de importancia internacional tras detectar un brote de ébola en la República Democrática del Congo. Aunque la entidad mundial aclaró que el riesgo global sigue siendo bajo y no se parece a lo que vivimos con la pandemia de covid-19, varios países africanos están en alerta por la posibilidad de que el virus se propague regionalmente. De acuerdo con reportes de la BBC, el brote ya suma cerca de 250 casos sospechosos y al menos 80 muertes, mientras que Uganda ha confirmado dos contagios del virus, uno de ellos fatal.
Lo que hace especialmente preocupante esta situación es que el brote está asociado a la variante Bundibugyo, una cepa del virus poco común que solo había causado brotes en 2007 y 2012. Los especialistas internacionales advierten que las condiciones en que avanza el virus son difíciles: la zona afectada está marcada por conflictos armados, desplazamientos masivos de población y limitaciones para rastrear a las personas contagiadas.
Para entender el peligro del ébola, es importante saber qué sucede en el cuerpo cuando el virus entra. Según la OMS, el virus invade inicialmente células del sistema inmunológico y luego puede extenderse hacia el hígado, los riñones y otros tejidos. Los primeros síntomas suelen aparecer entre dos y 21 días después del contagio y pueden parecer similares a una gripe fuerte: fiebre repentina, debilidad intensa, dolor muscular, dolor de cabeza y molestias en la garganta. A medida que avanza la enfermedad, pueden aparecer vómitos, diarrea, erupciones cutáneas, alteraciones en el hígado y riñones, problemas de coagulación y en los casos más graves, hemorragias internas o externas. El virus puede desencadenar una respuesta inflamatoria severa que deteriora rápidamente las funciones vitales, llevando a fallas multiorgánicas y shock. Sin embargo, la OMS aclara que no todos los pacientes presentan hemorragias severas, contrario a la imagen popular que existe sobre la enfermedad.
El virus se transmite por contacto directo con sangre, secreciones y otros fluidos corporales de personas infectadas, y también puede propagarse mediante objetos contaminados como agujas o superficies usadas en atención médica. Los murciélagos frugívoros se consideran los principales reservorios naturales del virus, y el contagio a humanos ocurre por contacto estrecho con animales infectados. Las autoridades sanitarias vigilan especialmente hospitales y funerales tradicionales, pues el virus puede propagarse cuando hay contacto directo con cuerpos de personas fallecidas por la enfermedad.
Respecto a la disponibilidad de vacunas, la situación es complicada. Para algunas cepas del ébola, como la variante Zaire, existen vacunas y tratamientos aprobados internacionalmente. Pero para la variante Bundibugyo responsable del brote actual, todavía no existen vacunas ni medicamentos específicos aprobados, aunque hay herramientas experimentales en evaluación. Por eso el tratamiento se basa principalmente en atención de soporte: hidratación, control del dolor, manejo de infecciones secundarias, soporte nutricional y monitoreo intensivo. La OMS enfatiza que la detección temprana mejora significativamente las probabilidades de supervivencia.
Lo que más inquieta a los expertos es que el brote circuló durante varias semanas antes de confirmarse oficialmente. Además, las zonas afectadas presentan alta movilidad de población por actividades mineras y desplazamientos causados por violencia armada, lo que dificulta rastrear contactos y contener la transmisión. A pesar de esto, especialistas internacionales consideran que la República Democrática del Congo cuenta hoy con más experiencia para enfrentar este tipo de emergencias sanitarias que durante la crisis de 2014 a 2016 en África Occidental, que fue el brote de ébola más grande registrado hasta ahora.
Fuente original: El Tiempo - Salud