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Qué deben saber los padres sobre el herpes labial en niños

Fuente: Mediplus - Qué hay de nuevo

El herpes labial es una infección viral común en menores que causa ampollas dolorosas alrededor de la boca y suele desaparecer sola en una o dos semanas. El virus permanece en el cuerpo después de la primera infección y puede reactivarse por estrés, fiebre o luz solar. Los padres deben saber cuándo consultar al médico y cómo prevenir el contagio a otros miembros de la familia.

Los herpes labiales, también conocidos como ampollas febriles, son pequeñas ampollas llenas de líquido que aparecen en los labios, la nariz o alrededor de estas zonas. Son muy frecuentes en los niños y generalmente desaparecen solos en una o dos semanas sin dejar cicatrices.

El responsable de esta molestia es el virus del herpes simple tipo 1 (VHS-1), que se transmite fácilmente de persona a persona mediante el contacto directo con ampollas infectadas o compartiendo objetos como vasos, cubiertos, toallas o juguetes. Muchos niños se infectan entre los 3 y 5 años. Es importante aclarar que este virus no es el mismo que causa el herpes genital, aunque en casos raros ambos pueden afectar cualquier área del cuerpo.

Los síntomas iniciales incluyen hormigueo y entumecimiento en la zona antes de que aparezcan las ampollas. Cuando estas se rompen, forman úlceras que hacen muy doloroso comer y beber. El niño también puede presentar fiebre, inflamación de encías, dolores musculares y ganglios inflamados en el cuello.

Para aliviar el malestar, los padres pueden aplicar compresas frías y húmedas en la zona afectada. Ofrecer alimentos y bebidas fríos hace las comidas más tolerable. También es posible usar analgésicos como paracetamol o ibuprofeno para calmar el dolor, pero nunca aspirina en casos de infecciones virales en menores. No existe medicamento que elimine el virus, pero algunos tratamientos aceleran la recuperación.

Lo complicado es que después de que el virus desaparece, permanece dormido en el cuerpo. Puede reactivarse años después por factores como estrés escolar, exposición solar intensa, temperaturas muy bajas, otras infecciones o cambios hormonales durante la adolescencia.

Es recomendable llamar al médico si el niño tiene menos de 6 meses, si las úlceras no mejoran después de 7 a 10 días, si aparecen signos de infección bacteriana como pus o fiebre, o si hay dolor o enrojecimiento en los ojos. Una infección ocular por este virus es grave y requiere atención médica urgente.

Para prevenir nuevos brotes, los niños deben mantener buenos hábitos de sueño, manejo del estrés, actividad física regular y uso de protector solar con FPS en los labios. Mientras hay ampollas activas, la persona debe evitar besar a otros, no compartir objetos de uso personal y lavarse las manos frecuentemente para no contagiar a hermanos, padres u otros contactos cercanos.

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