Qué comer si tiene hígado graso: alimentos que protegen y los que debe evitar

El hígado graso se ha convertido en una de las enfermedades hepáticas más comunes a nivel mundial, especialmente vinculada a la obesidad y la diabetes. La solución no está en medicamentos sino en cambios profundos en la alimentación y el estilo de vida. Expertos recomiendan la dieta mediterránea y eliminar ultraprocesados, grasas saturadas y azúcares refinados para detener la enfermedad.
El hígado graso, también conocido como esteatosis hepática, se ha posicionado como una de las afecciones hepáticas más frecuentes en el mundo en los últimos años. Su aumento está directamente relacionado con la obesidad, la diabetes tipo 2, la resistencia a la insulina y el síndrome metabólico. Lo más peligroso es que en sus etapas iniciales la enfermedad no presenta síntomas visibles, por lo que muchas personas desconocen que la padecen. Esto permite que avance de forma silenciosa hacia condiciones más graves como la inflamación del hígado, la fibrosis o la cirrosis.
Según especialistas de Cleveland Clinic y Harvard, la estrategia principal para combatir esta enfermedad no depende de medicamentos, sino de cambios profundos en el estilo de vida. Esto incluye aumentar la actividad física, controlar enfermedades metabólicas preexistentes y lograr una pérdida de peso moderada entre el 7 y el 10 por ciento del peso corporal total mediante una alimentación bien planificada.
Un estudio publicado en la revista científica Frontiers in Nutrition que evaluó a más de 500 mil personas mostró que consumir alimentos ultraprocesados diariamente, como refrescos, galletas industriales, cereales azucarados, salchichas, sopas instantáneas y comida rápida, aumenta en un 22 por ciento el riesgo de padecer hígado graso. Estos productos contienen niveles excesivos de azúcares añadidos, grasas saturadas y aditivos que sobrecargan las funciones del hígado.
Los alimentos que debe evitar incluyen las grasas saturadas y trans presentes en embutidos, fiambres y frituras, que promueven la inflamación. También debe restringir azúcares simples, especialmente el jarabe de maíz de alta fructosa común en bebidas azucaradas. El alcohol tampoco tiene lugar en esta dieta, ya que "no existe una cantidad segura de alcohol para los pacientes con hígado graso", advierte la comunidad médica. Las harinas refinadas como panes blancos y pastas no integrales también aceleran el daño al elevar rápidamente el nivel de glucosa.
La dieta mediterránea se posiciona como el esquema óptimo de recuperación. La gastroenteróloga y hepatóloga Sobia Laique de Cleveland Clinic explica que este patrón alimentario no solo frena la progresión de la enfermedad sino que reduce notablemente el riesgo cardiovascular asociado. Esta dieta se basa en consumo diario de verduras, frutas frescas, legumbres y cereales de grano entero ricos en fibra como avena, arroz integral y pan integral. El aceite de oliva virgen extra debe ser la grasa principal, complementado con frutos secos y semillas.
Otros alimentos que protegen el hígado incluyen los pescados azules como el salmón y la caballa, ricos en omega-3, que disminuyen los triglicéridos y reducen la inflamación. El café negro también ha demostrado propiedades hepatoprotectoras. Estudios clínicos indican que tomar entre dos y tres tazas de café al día sin azúcares ni cremas se asocia con menor acumulación de grasa. Respecto al huevo, los expertos han desmitificado su impacto negativo. El consumo de un huevo diario es seguro y beneficioso pues es rico en colina, un nutriente esencial para el metabolismo correcto de las grasas hepáticas.
Fuente original: El Tiempo - Salud