Psiquiatra advierte: la IA nunca debe reemplazar al profesional en salud mental

La especialista en psiquiatría Marian Rojas Estapé analiza los riesgos de depender de inteligencia artificial para cuestiones emocionales y de salud mental. Según ella, mientras la IA puede ser útil como herramienta complementaria, nunca debe sustituir el vínculo humano ni gestionar crisis graves. También advierte sobre cómo el uso intensivo de pantallas y asistentes virtuales afecta la tolerancia a la frustración, la creatividad y la capacidad de relacionarse con otros.
La psiquiatra española Marian Rojas Estapé, reconocida a nivel mundial por su trabajo en salud mental y autora de varios libros traducidos a más de 40 países, alertó sobre los riesgos de utilizar herramientas de inteligencia artificial para consultas relacionadas con bienestar emocional y psicológico. En una entrevista realizada para el medio argentino La Nación, Rojas Estapé profundizó sobre cómo estas tecnologías están transformando nuestra relación con las emociones y el acompañamiento profesional.
Según la especialista, lo que observa con mayor frecuencia en su consulta es "una mente agotada, sobreestimulada y con enormes dificultades para sostener el silencio, la espera y la frustración". Explica que el cerebro se acostumbra a la novedad y a las respuestas inmediatas, lo que hace que la vida real, más lenta y compleja, parezca insuficiente. El riesgo, advierte, es que la IA se convierte en otra fuente de inmediatez que disminuye aún más nuestra capacidad de pensar despacio, dudar y aburrirnos, espacios donde nacen la creatividad y la madurez. "El problema no es la tecnología en sí, sino el tipo de relación que establecemos con ella. Cuando la tecnología sustituye, en lugar de complementar, el resultado es el empobrecimiento".
Rojas Estapé reconoce que la inteligencia artificial puede ayudar a entrenar habilidades emocionales si funciona como apoyo y no como reemplazo. Puede ser útil para poner nombre a emociones, ordenar pensamientos, ensayar conversaciones difíciles o proponer ejercicios de regulación. Pero puntualiza una línea fundamental: "La inteligencia emocional no nace de una respuesta brillante, sino del contacto honesto con lo que uno siente". La verdadera inteligencia emocional se desarrolla mediante la introspección, el aprendizaje a tolerar el malestar y el vínculo genuino con otros, no a través de interacciones con máquinas.
Sobre situaciones de crisis grave, como ideación suicida o trauma severo, la psiquiatra es categórica. "La IA no debe posicionarse jamás como sustituto de un profesional y mucho menos en situaciones de riesgo grave". El problema, explica, es que estas herramientas simulan empatía sin comprender realmente el sufrimiento, creando lo que ella llama "un espejismo peligrosísimo": la sensación de estar acompañado cuando en realidad no hay un profesional responsable y emocionalmente presente. La mejor forma de usar IA en salud mental, sugiere, es como puerta de entrada o apoyo complementario, por ejemplo para ofrecer información sobre temas de salud mental, ayudar a registrar síntomas o animar a las personas a buscar ayuda profesional.
Rojas Estapé también advierte sobre el riesgo de que los niños desarrollen vínculos con asistentes virtuales en lugar de con personas reales. En la infancia, dice, "el cerebro se construye en relación", a través del contacto afectivo genuino con padres y cuidadores. Si los niños crecen rodeados de sistemas que obedecen rápido y nunca contradicen, pueden desarrollar menos tolerancia a la frustración y más dificultad para conectar con la complejidad de las relaciones humanas reales.
Finalmente, la especialista recomienda hábitos concretos para mantener equilibrio en un mundo dominado por la tecnología: momentos sin pantalla, espacios de aburrimiento, lectura prolongada, deporte, contacto con la naturaleza y conversación cara a cara. También sugiere hacerse una pregunta esencial: "¿estoy usando esta herramienta para vivir mejor o para no enfrentarme a mí mismo?". Para ella, la clave está en que la IA nos quite carga de trabajo sin quitarnos alma, que nos haga más eficaces pero no menos humanos.
Fuente original: El Tiempo - Vida