Psicólogo experto en ansiedad: la preocupación excesiva no cambia lo que ocurrirá

Daniel Bogiaizian, psicólogo con más de 30 años estudiando ansiedad, lanza un nuevo libro sobre cómo manejar la preocupación excesiva y el trastorno de ansiedad generalizada. Según el especialista, preocuparse solo es útil si tienes un problema definido y una acción clara. De lo contrario, solo genera tensión innecesaria. El experto comparte técnicas prácticas para identificar cuándo la preocupación se vuelve perjudicial y herramientas para recuperar la calidad de vida.
Daniel Bogiaizian descubrió su pasión por entender la ansiedad en los años 90, cuando trabajaba en un programa de asesoramiento psicológico y notó una tendencia: muchas personas llamaban aquejadas por preocupaciones constantes. "En esa época prácticamente no se hablaba de trastornos de ansiedad en nuestro país", recuerda el psicólogo. Desde entonces ha dedicado su carrera a entrenar a otros profesionales y ayudar a pacientes. Hoy presenta su nuevo libro, Preocuparse de más, que ofrece herramientas prácticas para entender y manejar una emoción que la mayoría creemos que es necesaria, pero que muchas veces nos cuesta más de lo que nos aporta.
La primera lección del especialista es contundente: no toda preocupación es útil. "La preocupación es un proceso estratégico que sirve si tienes bien definido un problema y vas a realizar un curso de acción", explica Bogiaizian. El problema surge cuando pensamos en algo durante horas sin intención de actuar. "El pensar más sobre algo no cambia en nada la probabilidad de que ocurra o no", afirma el psicólogo. Esa preocupación sin dirección solo genera tensión física y mental que afecta el sueño, la concentración y hasta nuestras relaciones personales.
Entonces, ¿cómo saber si nos estamos preocupando demasiado? Bogiaizian propone observar dos aspectos. Primero, el tiempo: si algo ocupa tu mente durante mucho tiempo sin que tengas nada que hacer al respecto, es preocupación excesiva. Segundo, la proporción: si pinchar una rueda de carro te afecta igual que la enfermedad de tu hijo, es probable que estés generalizando negativamente. Estas señales pueden indicar un trastorno de ansiedad generalizada, una condición donde las personas confunden lo posible con lo probable. Un avión puede caerse, pero es improbable que el tuyo se caiga. Sin embargo, quienes padecen este trastorno tienden a vivir en alerta constante frente a riesgos remotos.
El especialista advierte que este trastorno no desaparece con la edad. Las personas ansiosas "no dejan de ser ansiosas", pero pueden aprender a manejar mejor sus preocupaciones. El trastorno es más común de lo que se cree, en parte por factores genéticos (aproximadamente 30 por ciento de heredabilidad) y por lo que aprendemos observando a nuestros padres. Además, el mundo actual amplifica el problema: la incertidumbre es constante, las redes sociales y la inteligencia artificial generan más dudas que certezas, especialmente en temas de salud.
Para trabajar en lo cotidiano, Bogiaizian sugiere varias técnicas. Una es cuestionarse si realmente tienes razones para estar tan alterado por algo. Otra es traducir la preocupación en acciones concretas: si te preocupa la guerra, puedes colaborar con una ONG. Si no logras dejar de pensar en algo, usa técnicas como cambiar de escenario (salir a hacer una compra, pasear), practicar deportes o leer. También funciona asignar un horario específico para preocuparte: en lugar de pensar en ello durante todo el día, dedica 30 minutos a anotar qué acciones podrías tomar. Para controlar la tensión física, Bogiaizian recomienda ejercicios de respiración simples durante el día, especialmente a media mañana y media tarde. "La sobreinformación que tenemos con las redes sociales y la inteligencia artificial, sobre todo en el campo de la salud, no baja la incertidumbre, sino que la aumenta", concluye el experto, subrayando por qué es vital aprender a manejar nuestras preocupaciones en la era de la información constante.
Fuente original: El Tiempo - Salud