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Por qué nuestro cerebro nos pide sal: la ciencia detrás de ese antojo irresistible

Fuente: El Tiempo - Salud
Por qué nuestro cerebro nos pide sal: la ciencia detrás de ese antojo irresistible
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La sal no es solo un condimento, sino una necesidad vital para que nuestro cuerpo funcione. El sodio activa células especiales en el cerebro que nos impulsan a buscarla, un mecanismo que heredamos de millones de años de evolución. Los expertos explican cómo funciona ese "radar" que detecta el sodio en nuestra lengua y por qué nuestro cuerpo la necesita para que el corazón siga latiendo.

Esa necesidad casi obsesiva de agregar sal a las papas fritas o un toque de ella en un postre dulce no es capricho. Según expertos en neurología y nutrición, responde a un mecanismo profundamente biológico que nuestro cuerpo heredó de millones de años de evolución. La sal, en su forma química de cloruro de sodio, es mucho más que un condimento presente en todas las cocinas del planeta: es combustible esencial para mantener vivo nuestro organismo.

Todo comienza en la lengua. Courtney Wilson, experta en gusto de la Facultad de Medicina de la Universidad de Colorado en Estados Unidos, explica en entrevista con la BBC que "el gusto es un sentido que nos permite detectar sustancias químicas en nuestro entorno que pueden ser beneficiosas o peligrosas, a través de las papilas gustativas". Las papilas contienen receptores especializados que reaccionan únicamente al sodio. Wilson detalla que "son esencialmente pequeños poros en la superficie de la célula que solo permiten pasar determinados iones. Así que cuando hay iones de sodio presentes, pueden fluir a través de ese pequeño canal; esa célula se alerta de la presencia de sodio y envía esa señal eléctrica hacia el nervio y a lo largo de todo el proceso hasta tu cerebro". Lo interesante es que el cerebro monitorea constantemente la cantidad que necesitamos. Si la concentración es la correcta, "va a saber realmente delicioso", dice Wilson. Si es excesiva, el cerebro activa una alarma que nos hace dejar de comer.

Ahora bien, ¿por qué el sodio es tan importante? Joel Geerling, profesor asociado de neurología en la Universidad de Iowa, Estados Unidos, proporciona una respuesta contundente: aproximadamente un tercio de nuestro gasto energético diario se dedica a bombear sodio desde el interior de las células hacia el exterior. Esta bomba de sodio-potasio trabaja sin descanso. Cuando el sodio vuelve a entrar a través de canales específicos, genera lo que los científicos llaman un potencial de acción, es decir, un cambio rápido en el voltaje de la membrana celular. "Los iones de sodio irrumpen en la célula y provocan un cambio rápido y marcado en el voltaje de la membrana, conocido como un pico o potencial de acción en la neurona, no solo en el cerebro, sino también en las células musculares del corazón, las que te mantienen con vida, latido a latido", explica Geerling.

Esta dependencia del sodio no surgió por casualidad. A diferencia de los animales marinos que viven rodeados de sal, los seres que vivimos en tierra evolucionamos en un entorno donde este mineral es escaso. Eso generó comportamientos de búsqueda extrema en la naturaleza. Los elefantes africanos recorren kilómetros hacia cuevas para lamer sal de las paredes, y los ciervos buscan lamederos naturales para compensar la falta de sodio en sus dietas vegetales. En los humanos, esa necesidad impulsó hitos históricos. En Hallstatt, Austria, se encuentra la mina de sal más antigua del mundo aún en operación, donde se extrae el mineral desde hace siete mil años. Daniel Bradner, arqueólogo del Museo de Historia Natural de Viena, subraya que los primeros colonos descubrieron manantiales de salmuera y comenzaron a excavar porque "la sal es una necesidad para sobrevivir en un lugar a largo plazo, así que era indispensable para poder asentarse en los Alpes".

El cerebro tiene células especializadas llamadas neuronas HSD2 que monitorean constantemente nuestros niveles internos de sodio. Cuando estos niveles bajan peligrosamente, el cuerpo dispara una hormona llamada aldosterona, que activa un comportamiento de búsqueda. "En esos casos, la aldosterona aumenta, y eso desencadena que las neuronas impulsen al animal a buscar y consumir más sal", completa Geerling. Este sistema es tan crítico que de fallar, las células podrían hincharse peligrosamente, afectando especialmente al cerebro.

Lo que todavía genera misterio es el "toque mágico" de la sal en la cocina. No solo proporciona ese sabor salado, sino que transforma lo insulso en sublime, realza lo dulce y mitiga lo amargo. Wilson es honesta al respecto: "La respuesta sencilla es no", cuando se le pregunta si sabemos exactamente cómo funciona ese mecanismo de realce. La experta sugiere que las células del gusto podrían comunicarse entre sí en la boca o que la modulación ocurre directamente en la corteza gustativa del cerebro, pero el mecanismo exacto sigue siendo un enigma científico.

En últimas, ese deseo irrefrenable de sal es el resultado de millones de años de evolución. Nuestro cerebro está programado para valorarla como el tesoro biológico que es, el combustible que permite que el corazón siga latiendo y que los pensamientos continúen fluyendo.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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