Philippe Lazzarini se despide de UNRWA pidiendo justicia y rechazando la "licencia para matar"

El comisionado general de la agencia de la ONU para refugiados palestinos termina dos mandatos marcados por casi 400 empleados muertos en Gaza. En su despedida, Lazzarini advierte sobre una generación de niños traumatizada y exige que el derecho internacional tenga consecuencias reales. Critica que violar la ley humanitaria quede sin castigo mientras la UNRWA enfrenta desmantelamiento y recortes.
Philippe Lazzarini cierra su segundo mandato al frente de la Agencia de la ONU para los Refugiados Palestinos con una advertencia que resuena más allá de los escritorios de Ginebra. Tras dos años donde casi 400 de sus compañeros murieron por bombardeos y tiroteos indiscriminados, el funcionario que se despide carga una mochila emocional pesada: la imagen de una niña de seis años en Gaza pidiendo agua y pan en una escuela que debería ser un lugar de aprendizaje.
Lo que Lazzarini observa en el terreno le genera una preocupación profunda. Aunque existe formalmente un alto el fuego, asegura que es solo de nombre. La población palestina sigue enfrentando violencia, desplazamientos y condiciones extremas: entre escombros, sin agua potable, sin servicios básicos. Millones de niños no tienen acceso a educación. "Si no actuamos, corremos el riesgo de crear una generación marcada por la amargura y la radicalización", advierte Lazzarini.
La UNRWA, pese a ser constantemente atacada y amenazada con desmantelamiento, sigue siendo insustituible en la región. Ninguna otra organización tiene ni su capacidad operativa ni la confianza de las comunidades que atiende. Sin embargo, hace poco el propio Lazzarini anunció cortes del 20 por ciento en todos los servicios, incluyendo salarios de personal que merecía reconocimiento por su "trabajo heroico". Es la paradoja que vive quien lidera una agencia crucial pero constantemente desfinanciada.
El mensaje central de Lazzarini en este cierre de etapa apunta al corazón del problema: "Debemos rechazar la idea de que el derecho internacional es obsoleto. El problema no es la ley, sino que violarla no tiene consecuencias". Exige fortalecer la rendición de cuentas porque, según su análisis, existe una "licencia para matar" cuando los violadores del derecho humanitario actúan sin temor a sanciones reales.
Estos dos años han dejado marca en el hombre detrás del cargo. Lazzarini reconoce haber logrado seguir adelante separando su rol de su persona: "la función absorbe los ataques, y la persona queda protegida". El apoyo de su familia fue clave, aunque admite no haber podido estar presente durante este periodo crítico.
Ahora Lazzarini planea descansar, reflexionar y posiblemente escribir un libro sobre sus vivencias. Lo que deja atrás es una institución que sigue siendo esencial para millones de palestinos mientras el mundo parece debatir si las normas que protegen a civiles en guerra todavía importan.
Fuente original: ONU - Oriente medio



