Perú siembra un millón de árboles para salvar a Machu Picchu del cambio climático

El Gobierno peruano lanzó una ambiciosa campaña de reforestación en el Santuario Histórico de Machu Picchu para recuperar ecosistemas dañados por incendios, erosión y pérdida de biodiversidad. El proyecto, denominado "Un millón de árboles" y liderado por el Ministerio del Ambiente, incluye la plantación de especies nativas andinas que ayudan a estabilizar terrenos y prevenir deslizamientos. La iniciativa cuenta con apoyo del sector público y privado, junto con la participación de comunidades locales.
Perú ha puesto en marcha una estrategia de restauración ecológica en Machu Picchu, una de las maravillas naturales y culturales más importantes de América Latina. El proyecto responde a la urgencia de proteger este patrimonio mundial de los efectos del cambio climático y el deterioro progresivo de sus ecosistemas.
La iniciativa, bautizada como "Un millón de árboles", es coordinada por el Ministerio del Ambiente y se enfoca en recuperar áreas dañadas por incendios forestales, erosión del suelo y desaparición de especies. El plan incluye la siembra y cuidado de plantas nativas en el área protegida para restaurar la cobertura vegetal y recuperar el equilibrio ambiental de la región.
De acuerdo con la ministra Nelly Paredes del Castillo, este esfuerzo combina conservación con desarrollo sostenible e involucra tanto a instituciones públicas como privadas, además de ciudadanos voluntarios. El Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado, junto con Profonanpe (un fondo dedicado a la conservación), y las comunidades locales como Choquellusca respaldan la ejecución del proyecto.
Los técnicos han seleccionado especies andinas específicas como la queuña, el aliso y el chachacomo, elegidas porque sus raíces estabilizan las laderas y favorecen la retención de agua. Esta capacidad es fundamental en un territorio montañoso donde la falta de vegetación aumenta el riesgo de deslizamientos de tierra que podrían afectar tanto a visitantes como al sitio arqueológico.
El proyecto también busca restaurar hábitats para la fauna local y preservar el paisaje que rodea la ciudadela inca. Las autoridades señalan que la reforestación actúa como barrera natural contra la inestabilidad del terreno, protegiendo el patrimonio arqueológico. Otras especies como la tara y el sauco contribuyen a reducir riesgos de deslizamientos, mejorar el ciclo del agua y la calidad del aire.
La campaña ha convocado a voluntarios y diversas organizaciones, incluidos colectivos culturales, en un esfuerzo colectivo por fortalecer la resistencia de este patrimonio mundial frente a las amenazas ambientales que enfrenta.
Fuente original: El Tiempo - Vida