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Parkinson: reconoce los primeros síntomas de esta enfermedad neurológica y qué opciones de tratamiento existen

Fuente: El Tiempo - Salud
Parkinson: reconoce los primeros síntomas de esta enfermedad neurológica y qué opciones de tratamiento existen
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El Parkinson es un trastorno neurológico progresivo que afecta principalmente a adultos mayores y comienza con síntomas casi imperceptibles como temblor leve o cambios en la expresión facial. La enfermedad ocurre por el deterioro de células nerviosas que producen dopamina, una sustancia clave para la coordinación del movimiento. Aunque no tiene cura, los avances médicos actuales permiten a los pacientes mantener una mejor calidad de vida con medicamentos, terapia física y, en algunos casos, procedimientos quirúrgicos especializados.

El Parkinson se ha convertido en uno de los trastornos neurológicos más frecuentes en el mundo, especialmente entre los adultos mayores. Se trata de una enfermedad progresiva que comienza de forma casi silenciosa: un ligero temblor en una mano, una expresión facial menos expresiva, o movimientos cada vez más lentos. Con el tiempo, estos síntomas impactan profundamente la independencia y la calidad de vida de quienes la padecen. Aunque la ciencia aún no identifica una causa única, se sabe que el problema principal radica en el daño de células nerviosas en una región del cerebro llamada ganglios basales, que es la responsable de coordinar nuestros movimientos.

El origen del Parkinson está directamente relacionado con sustancias químicas del cerebro llamadas neurotransmisores. En particular, las neuronas que producen dopamina (una molécula clave para el control del movimiento) mueren o se deterioran progresivamente. Cuando los niveles de dopamina bajan, la comunicación entre el cerebro y los músculos falla. Pero la enfermedad no solo afecta la movilidad: también daña las células que producen norepinefrina, una sustancia que controla funciones automáticas como los latidos del corazón y la presión arterial. Por eso muchos pacientes experimentan fatiga crónica, presión arterial irregular, problemas digestivos, estreñimiento, trastornos del sueño y depresión.

Aunque el temblor es el síntoma más reconocido, el Parkinson presenta tres manifestaciones motrices principales. La rigidez muscular hace que los músculos se mantengan constantemente contraídos, causando dolor y limitando la capacidad de movimiento. La bradicinesia es la lentitud extrema de los movimientos: tareas simples como vestirse o comer se vuelven difíciles y consumen mucho tiempo. La inestabilidad postural afecta el equilibrio y aumenta dramáticamente el riesgo de caídas. Generalmente, la enfermedad comienza en un lado del cuerpo y con los años avanza hacia ambos costados, aunque la intensidad puede variar entre uno y otro lado.

Hasta ahora, no existe una prueba de sangre definitiva para diagnosticar el Parkinson. El diagnóstico sigue siendo clínico, basado en el historial médico del paciente y exámenes neurológicos realizados por especialistas. Una señal importante para los médicos es cuando los síntomas mejoran después de iniciar el tratamiento farmacológico. Aunque la enfermedad no tiene cura, las opciones de tratamiento actual son variadas. El medicamento principal es la Levodopa combinada con Carbidopa: la Levodopa se convierte en dopamina en el cerebro, mientras que la Carbidopa reduce efectos secundarios como las náuseas. También existen medicamentos llamados agonistas de dopamina, que imitan el efecto de esta sustancia en el cerebro. En casos más complejos, los médicos pueden recurrir a la Estimulación Cerebral Profunda, un procedimiento quirúrgico donde se implantan electrodos en el cerebro para regular los impulsos eléctricos que controlan el movimiento.

Más allá de los medicamentos, la terapia física y ocupacional es fundamental para mantener la flexibilidad y el equilibrio. Ejercicios como yoga o tai chi han demostrado ser grandes aliados para mejorar la coordinación en los pacientes parkinsonianos. El Parkinson requiere una estrategia a largo plazo: un diagnóstico temprano combinado con un enfoque integral que incluya apoyo emocional, dieta saludable y actividad física puede ralentizar el avance de la enfermedad y permitir que los pacientes mantengan una vida más activa y autónoma durante mucho más tiempo.

Fuente original: El Tiempo - Salud

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