Palma colombiana despega: exportaciones se duplican en dólares mientras demanda global por biocombustibles crece

Colombia incrementó su producción de palma en 12,1% durante 2025, alcanzando 1,93 millones de toneladas tras una caída el año anterior. Las exportaciones explotaron: crecieron 82% en volumen y 102% en valor económico. El impulso viene de un mercado global reordenado por tensiones geopolíticas, búsqueda de independencia energética y apuesta por biocombustibles más sostenibles que el petróleo tradicional.
El sector palmero colombiano vive un momento de recuperación acelerada que traduce cambios profundos en la economía energética global. Después de caer 6,6% en 2024 por efectos del Fenómeno de Niño, la producción nacional rebotó en 2025 con un crecimiento de 12,1%, llegando a 1,93 millones de toneladas. Pero lo más llamativo está en las ventas al exterior: las exportaciones de aceite de palma multiplicaron su valor prácticamente por dos, con un aumento de 102% en dólares durante el año pasado.
¿Qué explica este cambio tan dramático? En gran medida, la geopolítica. Los conflictos recientes en Medio Oriente han disparado los precios del petróleo. El barril Brent superó los cien dólares después de los bombardeos en marzo, lo que hizo que muchos países aceleren su apuesta por biocombustibles como alternativa de seguridad energética. Esto no es solo un capricho verde: es defensa nacional. Indonesia, el mayor productor mundial, ya mezcla el 40% de biodiésel en sus combustibles (B40) y estudia llegar al 50%, lo que le permite absorber toneladas de aceite de palma que antes no tenía dónde colocar. Canadá, por su parte, construye nuevas plantas de diésel renovable y se convirtió en el segundo mayor importador de aceite de soya. India, la mayor importadora de aceites vegetales del planeta, está acelerando sus compras por miedo a futuras restricciones de oferta.
Para Colombia, esto representa una oportunidad de oro. El precio promedio del aceite de palma fue 15% más alto en 2025 que en 2024, aunque bajó 21% dentro del año por la apreciación del peso y caídas internacionales. Pese a eso, el volumen exportado creció dramáticamente. El sector mantiene aproximadamente 70% de sus ventas para el mercado interno (alimentos, cosméticos, productos de limpieza) y 30% para exportación, pero esta proporción está cambiando a favor de los envíos al exterior.
El crecimiento no fue uniforme en todas las regiones. El Centro sorprendió con una expansión de casi 25%, Norte creció 5%, Oriente 8%, mientras Suroccidente retrocedió más de 4%. La expansión del área sembrada continúa porque los palmeros apuestan a largo plazo: este cultivo tarda años en producir, así que las inversiones de hoy reflejan confianza en la demanda futura.
Pero hay nubes en el horizonte. Europa sigue imponiendo restricciones al aceite de palma por temor a la deforestación, lo que obliga a los productores a buscar nuevos mercados y estrategias. Además, los combustibles sostenibles de aviación (SAF) abren una nueva fuente de demanda, pero también fragmentan el mercado. Y hay un riesgo climático real: los modelos de predicción advierten que existe 60% de probabilidad de que vuelva El Niño en el segundo semestre de 2026, lo que nuevamente podría golpear la producción.
Fuente original: Portafolio - Economía