Oficial de Migración salva la vida a un viajero chileno en Cartagena con gesto de heroísmo

Luis Fernando Ospino Jaime, oficial de Migración Colombia con 14 años de servicio, actuó rápidamente cuando un pasajero chileno sufrió un ataque epiléptico en la sala de inmigración del Aeropuerto Rafael Núñez. El hombre comenzó a asfixiarse por su propia lengua, y Ospino metió sus manos en la boca del viajero para despejar sus vías respiratorias, ignorando las heridas que le causaban los dientes del extranjero. Dos médicos que estaban en la fila se sumaron a la atención hasta que llegó el personal de sanidad.
En el Aeropuerto Internacional Rafael Núñez de Cartagena, donde cada día pasan miles de viajeros de todas partes del mundo, la rutina se rompió de golpe una tarde de febrero. Entre los módulos de control migratorio, donde todo suele transcurrir en segundos medidos y sellos de pasaporte, un hombre que viajaba solo desde Chile se desplomó en el suelo convulsionando.
Luis Fernando Ospino Jaime, oficial de Migración Colombia que hace poco había llegado a la Regional Caribe después de trabajar en La Guajira, no dudó ni un segundo. Olvidó los protocolos, olvidó el uniforme que lo define, y corrió hacia el cuerpo que se sacudía en el piso. Lo que parecía ser un simple desmayo por el calor o el cansancio del vuelo se convirtió rápidamente en una lucha contra la muerte.
El ataque epiléptico del pasajero tomó un giro peligroso cuando la lengua comenzó a inflamarse y el hombre empezó a morderse con tanta fuerza que la sangre y la saliva formaron un bloqueo en sus vías respiratorias. Ospino, quien tiene entrenamiento en primeros auxilios a través de Migración Colombia, intentó colocar al hombre en posición lateral de seguridad, pero no era suficiente. "En un momento pensé que lo estaba perdiendo", contó el oficial horas después, con la voz aún temblorosa por la adrenalina.
Fue entonces cuando Ospino tomó una decisión que va más allá de cualquier manual: metió sus propias manos dentro de la boca del viajero para despejar el camino del aire. No le importó que los dientes del chileno se cerraran sobre sus dedos causándole heridas. Lo único que importaba era escuchar ese sonido de respiración desesperada que significaba que el oxígeno había vuelto a los pulmones.
La escena comenzó a estabilizarse cuando dos médicos que esperaban en la fila de inmigración se dieron cuenta de lo que pasaba y se sumaron a la atención. Juntos lograron mantener al hombre consciente y estable hasta que llegó el personal de sanidad del aeropuerto. El pasajero fue trasladado a un centro médico, dejando un rastro de sangre en el suelo y una historia de humanidad en los dedos vendados de Ospino.
Hoy, mientras Luis Fernando sigue sellando pasaportes con sus dedos aún curados de las heridas, sabe que no necesita que las cámaras de seguridad capturen lo que pasó ese día. La mejor prueba de su acción es que en algún lugar de Chile, una familia nunca recibió esa llamada devastadora que temían. "Migración Colombia no es solo un uniforme, también somos humanidad", dice Ospino, quien se define a sí mismo como un humilde servidor. Sus acciones de ese día probaron exactamente eso.
Fuente original: El Tiempo - Colombia

