Murió Manolo Arjona, el alma coreográfica de Locomía, a los 58 años

Manolo Arjona, fundador y figura central del legendario grupo Locomía, falleció en su hogar en Barcelona mientras dormía. Fue considerado el motor coreográfico de la banda electro-pop que revolucionó los ochenta con sus icónicos abanicos y presentaciones en estadios de América Latina. En sus últimos años se había alejado de los escenarios para dedicarse a la pintura.
El mundo del espectáculo despide a Manolo Arjona, uno de los nombres más transgresores de la movida musical de los ochenta. El fundador y miembro clave del fenómeno electro-pop Locomía murió a los 58 años en su residencia en Viladecans, Barcelona, según confirmaron fuentes cercanas al artista. Su partida fue pacífica, ocurrió mientras dormía en su hogar lejos de los reflectores que lo acompañaron durante décadas.
Arjona no era simplemente un cantante o bailarín más dentro de Locomía. Muchos lo consideraban el motor coreográfico del grupo, el pilar que sostenía la precisión de esos movimientos legendarios con los enormes abanicos que se convirtieron en la marca registrada de la banda. Cuando el grupo lanzó su álbum debut Taiyo en 1989, el impacto fue arrollador. Canciones como Rumba, Samba, Mambo, Gorbachov y el éxito homónimo Loco Mía catapultaron a la formación a la fama global, llenando estadios en México, Argentina y logrando presentaciones históricas en escenarios como el Festival de Viña del Mar en Chile.
Lo que había comenzado como una tribu urbana y colectivo de diseñadores de moda en la mítica isla de Ibiza a finales de los ochenta se transformó en un proyecto musical sin precedentes. Arjona estuvo allí desde el minuto cero, aportando su imponente presencia escénica. El grupo irrumpió en la discoteca Ku de Ibiza con un concepto visual que el mundo no había visto jamás, cruzando luego el Atlántico para desatar la locura en América Latina.
Durante aquellos años de frenesí, Manolo fue el rostro de la disciplina dentro del grupo. Mientras Locomía experimentaba constantes cambios de alineación y complejas batallas legales por los derechos de la marca, Arjona se mantuvo como un pilar de resistencia, siendo uno de los pocos miembros que participó en múltiples etapas y reencuentros de la banda a lo largo de las décadas.
En sus últimos años, Manolo había tomado la decisión consciente de alejarse del bullicio mediático y las exigencias agotadoras de la industria musical. Lejos de los reflectores, encontró la paz en Viladecans, donde canalizó su inagotable creatividad visual hacia la pintura. En este refugio creativo, siguió expresándose sin la presión de la fama que lo acompañó durante sus años de mayor gloria. Su partida contrasta profundamente con el estruendo mediático, las luces de neón y la euforia masiva que caracterizaron los momentos más brillantes de Locomía.
Fuente original: Minuto30
