Mujeres ausentes en negociaciones de paz: el dato que revela por qué fracasan los acuerdos

A pesar de que ONU Mujeres demuestra que la participación femenina aumenta significativamente las probabilidades de que un acuerdo de paz dure años, las mujeres siguen excluidas de estas mesas de negociación. Solo una de cada diez negociaciones de paz en 2024 las incluyó, según Manos Unidas. Desde territorios como el Chocó colombiano hasta Sudán, las mujeres lideran desde abajo mientras los hombres deciden desde arriba, perpetuando una "hipermasculinidad" que debilita la paz real.
Las fotos de las grandes cumbres de paz del mundo cuentan la misma historia: ninguna mujer. Desde la cumbre de Sharm El-Sheikh en Egipto donde se negoció el "plan de paz" para Gaza, hasta los acuerdos que el presidente estadounidense Donald Trump dice haber alcanzado, la ausencia femenina salta a la vista.
Lo preocupante no es solo la falta de representación visual. Flavia Mwangovya, directora regional adjunta de Amnistía Internacional para África Oriental, lo explica con claridad: "Es preocupante la hipermasculinidad en la política global porque significa que, pese a todos los años de lucha por la igualdad de género, el lugar de la mujer en la toma de decisiones, en los procesos diplomáticos y en los procesos de paz sigue estando muy socavado". Esta exclusión tiene consecuencias concretas. Las guerras multiplican por cuatro los asesinatos de mujeres y disparan la violencia sexual contra ellas. Sin embargo, solo una de cada diez negociaciones de paz las incluyó en 2024.
Aquí viene el dato que hace pensar: cuando las mujeres sí participan en las mesas de diálogo, los acuerdos tienen un 20 por ciento más de probabilidad de durar al menos dos años. Si logran influencia real, esa duración se extiende más de 15 años en un 35 por ciento de los casos. Según ONU Mujeres, son ellas "quienes mantienen unidas a las comunidades" durante un conflicto, pero eso raramente se traduce en poder de decisión.
En el Chocó colombiano, Yolanda Málaga, lideresa indígena wounaan, conoce bien esta realidad. En su pequeño cabildo de 12 familias, zona controlada por grupos armados, ella decidió romper la barrera: "Muchos hombres me decían que una mujer no está para liderar, sino solamente para la cocina, para criar, para los quehaceres". Sin embargo, se alió con otras mujeres para negociar directamente con los grupos armados, buscando que no recluten jóvenes. Elisabeth Moreno, coordinadora del Foro Interétnico Solidaridad Chocó y Premio Nacional de Derechos Humanos, coincide: el primer obstáculo es el "machismo estructural", las amenazas constantes y la marginalidad que impide que el liderazgo femenino llegue a espacios de poder real.
En contextos como Sudán, donde el conflicto entre el Ejército sudanés y las Fuerzas de Apoyo Rápido paraliza todo, son las mujeres quienes mantienen viva la supervivencia. Lideran las Salas de Respuesta de Emergencia que distribuyen comida y atención médica. Pero este rol humanitario las expone: "Están siendo arrestadas, desaparecidas y sufriendo violencia sexual simplemente por estar en la primera línea", señala Mwangovya.
Un punto crucial que muchos olvidan: las mujeres no son solo víctimas. Son maestras, educadoras y también combatientes. Reducirlas al rol de víctimas perpetúa estereotipos e impide ver la sociedad de forma integral. La solución que plantea Mwangovya es contundente: acabar con la impunidad. "Muchos procesos de paz consisten en apretones de manos y no resuelven realmente los problemas de fondo, como la impunidad y la rendición de cuentas". La paz real no es solo el silencio de los fusiles; requiere justicia, educación política y que quienes han cometido crímenes enfrenten consecuencias.
Fuente original: Portafolio - Economía