Menos mujeres en carreras STEM: la brecha de género se agranda mientras ellas avanzan en números

Aunque más mujeres se matriculan en carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas en Colombia, su porcentaje disminuye porque los hombres ingresan aún más rápido. Un estudio de la Javeriana muestra que los salones con mayoría de mujeres tienen mejores prácticas pedagógicas y resultados. La tendencia es preocupante porque se estima que el 75 por ciento de los empleos en 2050 estarán en áreas STEM.
Las carreras STEM en Colombia enfrentan un problema contra intuitivo: aunque más mujeres se animan a estudiar estas disciplinas, su participación relativa sigue cayendo. En 2024, 226.831 mujeres estaban matriculadas en estos programas, lo que representa el 32,35 por ciento del total de 701.069 estudiantes. Parece un número alto, pero es menor al 32,55 por ciento que registraron en 2023 y mucho más bajo que el 32,9 por ciento de 2022. El problema no es que menos mujeres estudien estas carreras, sino que los hombres ingresan a mayor velocidad, ampliando cada vez más la brecha de género.
Los datos oficiales del Sistema Nacional de Información de Educación Superior (Snies) revelan una realidad incómoda: mientras el número de estudiantes mujeres creció en términos absolutos de 2023 a 2024, su peso relativo en estas disciplinas disminuyó. Esto significa que el crecimiento de la matrícula general en STEM está siendo impulsado principalmente por hombres. Si esta tendencia continúa, la brecha seguirá ensanchándose incluso si más mujeres se deciden a estudiar ingeniería, informática o ciencias naturales.
Lo interesante es que una investigación del Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana encontró que los salones de clase funcionan mejor cuando hay mayoría de mujeres. El análisis, basado en datos de la encuesta TALIS 2024 de la OCDE aplicada a 3.010 docentes en Colombia, muestra que en aulas de matemáticas, ciencia y tecnología donde el 70 por ciento o más son mujeres los profesores dedican más tiempo a actividades prácticas, establecen objetivos claros al inicio de las lecciones y adaptan sus métodos cuando los estudiantes tienen dificultades. Además, usan más herramientas digitales y reportan mayor percepción de logro pedagógico.
En contraste, en aulas con mayoría de hombres los docentes tienden a usar evaluaciones más estructuradas y comparativas, con énfasis en práctica intensiva y progresiva, aunque menos atención a la adaptación según necesidades individuales. La composición del aula afecta cómo se enseña, y en Colombia este efecto es más notorio que en países de la OCDE, probablemente porque allá las prácticas pedagógicas están más estandarizadas y menos influenciadas por el género del estudiantado.
El desafío comienza desde antes. Estudios muestran que desde sexto grado la brecha de género en matemáticas favorece a los niños, un patrón que se amplifica en los años siguientes. A nivel global, las mujeres apenas representan el 29,3 por ciento de los investigadores en ciencias y han ganado solo el 3 por ciento de los premios Nobel en estas áreas, según la UNESCO. Considerando que se estima que para 2050 el 75 por ciento de las ocupaciones estarán relacionadas con STEM, entender cómo las prácticas de enseñanza y la composición del aula pueden fortalecer la identidad científica de las estudiantes es urgente. Las políticas educativas tienen que actuar ahora si quieren cerrar esta brecha antes de que se haga irreversible.
Fuente original: El Tiempo - Educación