Más de un millón de menores trabaja en Colombia si se cuentan tareas domésticas

El Dane revela que el trabajo infantil en Colombia es mucho mayor al que muestran las estadísticas tradicionales. Si se incluyen las tareas domésticas y de cuidado no remunerado, la cifra sube de 302.000 a 1,18 millones de menores entre 5 y 17 años. Las mujeres cargan desproporcionadamente con estas actividades domésticas, y los adolescentes de 15 a 17 años son los más afectados.
Colombia enfrenta un problema de trabajo infantil mucho más grave de lo que sugieren los números convencionales. Según el Departamento Administrativo Nacional de Estadística, cuando se incluyen las tareas domésticas y de cuidado que no generan dinero, la realidad cambia dramáticamente: 1,18 millones de menores entre 5 y 17 años están trabajando o realizando labores intensivas en el hogar.
La diferencia es notable. Los indicadores tradicionales contaban solo 302.000 niños trabajando, principalmente en empleos remunerados. Pero cuando el Dane incorporó el trabajo doméstico no pagado, especialmente aquellas actividades que toman más de 15 horas semanales, el panorama se amplió significativamente. Esta medición más amplia captura dinámicas que históricamente se ignoraban, sobre todo el trabajo en casa que consume tiempo de los menores pero no deja dinero en el bolsillo.
Las diferencias por género son marcadas y preocupantes. En el trabajo remunerado predominan los hombres, pero en las labores domésticas y de cuidado sin pago, las mujeres representan el 59,8% de los casos. Los adolescentes entre 15 y 17 años cargan con la mayor responsabilidad, alcanzando tasas cercanas al 28,9%, lo que sugiere que conforme crecen, asumen más responsabilidades en el hogar que pueden afectar sus estudios y desarrollo.
Las brechas territoriales también persisten. En zonas rurales y centros poblados, las tasas de trabajo infantil siguen siendo más altas que en las cabeceras municipales, reflejando desigualdades estructurales en las condiciones económicas del país. Aunque el Dane reporta una leve reducción en la tasa de trabajo infantil convencional, pasando de 2,9% a 2,8% entre 2024 y 2025, esta mejora no cambia el fondo del problema.
Esta redefinición de cómo se mide el trabajo infantil plantea desafíos importantes para quienes diseñan políticas públicas. Al visibilizar formas de trabajo que no generan ingresos pero sí impactan el desarrollo de niños y adolescentes, se abre la puerta a intervenciones más efectivas que aborden la raíz del problema en lugar de solo sus manifestaciones más evidentes.
Fuente original: Portafolio - Empleo